jueves, 26 de febrero de 2009

SIDA : ¿Chantaje mundial?.



por Patricia Nell Warren.

publicado originalmente en A&U Magazine (julio del 2000).

A principios de año, el presidente sudafricano Thabo Mbeki, conocido ya como pensador independiente, encabezó los titulares mundiales al dirigir cartas manuscritas sobre el SIDA al presidente Clinton, y al secretario general de las Naciones Unidas, Kofi Annan, entre otros dirigentes mundiales.

Lo que provocó titulares fue el cuestionamento de Mbeki de si los enfoques a la teoría del SIDA y su tratamiento eran correctos para los países africanos. Mbeki defendía su derecho a consultar con los disidentes del SIDA. Aseguraba que «constituiría una traición criminal a nuestra responsabilidad hacia nuestro propio pueblo» si su gobierno no explorase todas las posibilidades de combatir el SIDA. Según el Washington Post, Mbeki «se embarcó en una controversia emocional acerca de la respuesta de su país al SIDA, diciendo que los africanos debían trazar su propio derrotero de la enfermedad».

Los titulares también se extendieron sobre la invitación de Mbeki a varios notables disidentes para participar en un grupo de consejeros sobre SIDA, antes de la venidera XIII Conferencia Internacional sobre SIDA a celebrar en Durban, Sudáfrica, en julio. Su carta expresaba preocupación por las presiones para que Sudáfrica diera tratamiento a las mujeres embarazadas VIH positivas y a sus hijos, con fármacos. Mbeki dijo que había pedido a su gobierno que investigase la creciente controversia acerca de la «toxicidad de algunos fármacos». Según un reciente informe de AP, varias muertes de madres y niños sudafricanos habían sido atribuidas a envenenamiento por AZT.

Según el Washington Post, la Casa Blanca trató de encubrir la carta de Mbeki. Después de todo, Mbeki estaba desbaratando los planes de los funcionarios estadounidenses que trataban de sofocar la disidencia del SIDA en su propio país. El Post dijo: «La administración Clinton restringió la distribución de la carta de cinco páginas, fechada el 3 de abril, en un esfuerzo por evitar que llegase al público. Varios funcionarios de la administración Clinton y diplomáticos extranjeros expresaron consternación ante la decisión de Mbeki de intensificar lo que veían como una maniobra de diversión, al traerlo a un potencialmente volátil fórum internacional. Un oficial hizo una copia de la carta disponible para el Washington Post, y el embajador de Sudáfrica en las Naciones Unidas, Dumisani Kumalo, confirmó su autenticidad».

Los partidos de la oposición en Sudáfrica, así como los funcionarios y los activistas del SIDA en los Estados Unidos, provocaron una tormenta de ataques contra las acciones de Mbeki. Mientras escribo este artículo, Mbeki está bajo una presión feroz.

En medio del jaleo sobre los disidentes, la profundidad del mensaje, con la prosa sincera y simple de Mbeki, y su profunda preocupación, pasaron desapercibidos a muchos americanos. Los ataques norteamericanos a la postura de Mbeki reflejan nuestro confortable aislamiento para desarrollar compromisos nacionales. También expresa que esa vieja vena misionera sigue fuertemente enraizada en este país, la idea de que sabemos qué es lo mejor para las naciones pobres, y de que deberían estar abismalmente agradecidos por nuestra ayuda. Llegó el momento de quitarnos el sombrero misionero y de mirar con cuidado cómo ven los países en desarrollo la política del SIDA.

El hecho es que la carta de Mbeki siguió a una significativa conferencia del 10 de enero, ante el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas. Esta conferencia, dada por el presidente del Banco Mundial, James Wolfensohn, utilizaba un lenguaje muy duro, recolocador. Wolfensohn dijo: «Muchos de nosotros considerábamos al SIDA como un tema de salud. Estábamos equivocados. El SIDA no puede seguir confinado en la cartera de sanidad o de sector social. El SIDA está retrasando el reloj del desarrollo».

El Banco Mundial, un grupo de entidades de inversión internacional fundado en 1944 para ayudar a reconstruir el mundo tras la segunda Guerra Mundial, es uno de los jugadores más importantes en el debate del SIDA. Es también un poderoso conductor económico del mundo actual. Los norteamericanos, que jamás piensan en el Banco Mundial, dieron por primera vez un vistazo a las caras de sus personajes en el CSPAN. Wolfensohn y otros funcionarios del BM trataron de explicar su postura ante las cámaras de TV, luego de que las manifestaciones de estudiantes y trabajadores anti-Banco sacudieran Washington D.C. durante días, y se practicaran centenares de detenciones.

El Banco ha reposicionado ahora al SIDA como su «tema central de desarrollo», incluso aunque la malaria, la tuberculosis y la malnutrición maten todavía más gente en todo el mundo que el SIDA. (Según admitió el propio Banco, sólo la malnutrición mata la mitad de los niños de los países con rentas bajas). El Banco está profundamente comprometido en financiar y mejorar la inversión relacionada con el SIDA, y selecciona a las mujeres VIH-positivas como objetivo mundial. Y sí, es cierto que la muerte por CUALQUIER causa de una mujer en edad de concebir hijos, con la consecuente pérdida de sus ingresos a la familia, y la nutrición a sus hijos, es un golpe bajo al desarrollo de una nación.

Otro gran jugador en la política mundial del SIDA son los Estados Unidos. Cuando recibió la carta de Mbeki, el gobierno estadounidense era ya el mayor contribuyente a los esfuerzos internacionales del SIDA. Tras la carta de Mbeki, el presidente Clinton acudió al Congreso solicitando doblar nuestros fondos internacionales para SIDA. La Casa Blanca utiliza su propio lenguaje recolocador -lenguaje de la segunda Guerra Mundial-, denominándolo nuestro «Plan Marshall para el SIDA». (El Plan Marshall original fue utilizado para reconstruir la Europa bombardeada después de 1945).

Razón de más por la que los norteamericanos necesitan pensar acerca de la conferencia del Banco, y recordarnos a nosotros mismos que el Consejo de Seguridad es una tribuna de guerra. Necesitamos mirar de cerca a lo que podría presagiar para el mundo sustituir el viejo «guerra mundial contra el fascismo y el comunismo», por el de «guerra mundial contra el SIDA».

La disidencia científica sobre la teoría del SIDA no es el único tema aquí. La carta de Mbeki deja claro que el hecho que le preocupa es que los países en vías de desarrollo pierdan el derecho a tomar sus propias decisiones en materia de salud.

El Banco Mundial, junto con NA, OMS, UNICEF, UNAIDS y otros poderes y agencias internacionales, han marcado ya una política mundial sobre el SIDA que implica una mínima elección, si es que queda alguna, por parte de los países individuales. Tras el timbre de la retórica humanista, lo que sucede es esto: el «modelo» original de entrada en vigor de la ley sobre VIH y de la política sobre salud pública que se desarrolló primero en los Estados Unidos, ésa a la que los ciudadanos de EE.UU., Canadá y los países estadounidenses deben ahora someterse, está siendo aplicada al resto del mundo. Préstamos e inversiones para países en desarrollo -incluso quizá las ayudas por catástrofes- pueden estar condicionados a la voluntariedad para aplicar el modelo VIH dentro de sus propias fronteras. Para cualquiera que no haya leído la política estereotipada de OMS y del Banco, eso significa: prueba de VIH obligatoria, vigilancia individual e informes del caso, y tratamiento bajo observación directa (TOD), especialmente a mujeres y niños. La ayuda económica también puede estar supeditada a la voluntad de un país de permitir la comercialización en masa de vacunas contra el VIH elaboradas en el extranjero, de fármacos, y de pruebas para sus ciudadanos.

Las ventas mundiales de fármacos y pruebas del SIDA, y las vacunas del SIDA que el Banco Mundial dice que quiere para cada niño nacido en el planeta -10 miles de millones de nosotros en el año 2050- tienen seguramente a empresas farmacéuticas rebosando entusiasmo ante la idea de beneficios astronómicos, incluso ante la bajada de precios requerida para la venta de estos productos a los países no desarrollados. La Organización de Comercio Mundial quiere millones de trabajadores sanos y de consumidores que puedan ser arrastrados de país en país sin crisis diplomáticas girando alrededor de enfermedad contagiosa. Cada vez más, la definición de centros de salud mundiales como «VIH negativos».

En otras palabras, la política del SIDA es ahora un producto mundial clave, junto a los cargamentos de computadoras, crudo y trigo.

Cada vez que esta fuerza de palanca es aplicada, la verdad y las necesidades humanas reales pueden quedar aplastadas bajo la palanca. Todavía peor, al enlazar a cada persona en la tierra a una prueba de sangre o a un certificado de vacunación de una enfermedad que ha sido declarada «incurable», la globalización de la política del SIDA podría hacer palanca en cada vida humana del planeta. No tener un documento de identidad que acreditase que se es VIH negativo significaría estar sin trabajo, no poder casarse legalmente, no tener beneficios, no disponer de Visa, y no poder migrar. La gente de los países desarrollados no pueden sufrir este tipo de presión con las grandes enfermedades mortales -como la malaria, la tuberculosis y la malnutrición-, porque una persona puede ser tratada efectivamente de estas enfermedades.

Amalgamar a los países con la política del SIDA crea un claro peligro de reacciones volátiles. Como Sudáfrica, otros países en desarrollo pueden sentir que tienen el derecho a un pensamiento independiente, especialmente en algo tan íntimo como la salud sexual de sus ciudadanos. El fallo de los Estados Unidos o del Banco Mundial en respetar este derecho, o la insensibilidad a los parámetros culturales o religiosos seguramente hará que salten chispas. En los países del fundamentalismo islámico, por ejemplo, las vacunas extranjeras y las pruebas no serán probablemente bienvenidos por los hombres a cuenta de sus mujeres, que son estrictamente mantenidas bajo velos y puertas cerradas. Efectivamente, en un par de recientes conferencias sobre salud mundial, se produjo una violenta discusión entre diferentes grupos religiosos acerca de los planteamientos mundiales propuestos sobre aborto, control de natalidad, definiciones de «género» y de «valores familiares».

Suponiendo que un pequeño país sea declarado «amenaza mundial de la salud» porque se niega a subir al carro de la política sobre SIDA, ¿se le embargará? ¿se le atacará con armas nucleares? ¿perderá el «estatus de nación favorecida comercialmente» por Estados Unidos¿ ¿ El Consejo de Seguridad enviará tropas de las Naciones Unidas? ¿Tendremos Vietnams y Bosnias por culpa del SIDA?.

La inversión del Banco Mundial tampoco es la bala infalible hacia el éxito económico. El coordinador del proyecto del Centro de Recursos de las Américas, Larry Weiss, rastreó recientemente al Star Tribune de Minneapolis buscando lo que él llamaba los documentos «que salían a chorro» acerca de los programas de ajuste estructural del Banco Mundial. «Éstos», comentó Weiss, «requieren países pobres a los que imponer severas medidas de austeridad a sus poblaciones, y transformar sus economías en plataformas de exportación basadas en fábricas que exploten al obrero. El fracaso en conseguirlo puede resultar en un corte drástico de crédito internacional, un escenario catastrófico para sus economías. Más de 90 países han sufrido ajustes estructurales». Y Weiss añadió: «La Coalición Jubileo 2000, que comprende centenares de organizaciones religiosas y no religiosas en más de 40 países, observa que 7 millones de niños mueren cada año a resultas de la crisis por endeudamiento». Es decir, 5 millones más de muertos que los 2 millones de africanos que supuestamente mueren por SIDA cada año.

Weiss argumenta que el Star Tribune ignoraba casi dos décadas de protestas contra la política del Banco Mundial en Bolivia y en docenas de países, protestas que frecuentemente alcanzan el nivel de disturbios a gran escala. Otro partidario de la protesta es el líder africano Arthur Mbanefo, embajador de Nigeria en las Naciones Unidas, y director del grupo G-77 de los países más pobres de todo el mundo. Mbanefo comentó: «Muchos países han rechazado los resultados de varias iniciativas políticas del Banco Mundial... Nosotros apoyamos las manifestaciones que podrían controlar enérgicamente tales intereses».

El propio Mbeki, durante un viaje como estudiante activista por otros países africanos, pudo contemplar de primera mano los trágicos resultados de las empresas comerciales del Banco Mundial en el Sahel, la vasta extensión semidesértica del África sub-sahariana. Allí, según el Worldwatch Institute, 30 años de inversión del Banco para expandir la cría de ganado han servido realmente para acelerar la destrucción de la tierra, la desertización y las muertes humanas por hambre. Tal como el propio Banco Mundial admite en su página web, tenía que reconstruir su relación con Sudáfrica tras la llegada al poder de Nelson Mandela, porque los políticos sudafricanos veían al Banco como un patrocinador autoritario e inflexible, con políticas económicas fracasadas».

La crítica de Weiss al Star Tribune puede aplicarse a la mayoría de medios de comunicación de Estados Unidos, que han realizado un nefasto trabajo de información a los americanos acerca del lado oscuro de la globalización económica, y el motivo real de que estemos asistiendo a un revivir del movimiento estudiantil y obrero en Estados Unidos. Ahora nuestros medios informativos más importantes están realizando un trabajo igualmente malo al hablarle a la gente del lado oscuro de la globalización sanitaria.

¡Queremos los venenos más baratos para todos los africanos!.La salud de una nación en desarrollo no es un medio menos frágil que el Sahel. Tiene su propia reserva genética de inmunidades y vulnerabilidades heredadas, sus mutaciones únicas y propias de diferentes patógenos, y otros factores localizados que pueden interreaccionar en formas inimaginables con la intromisión médica poco atinada y políticamente motivada del exterior. Así pues, los líderes de estas naciones podrían muy bien escoger encontrar soluciones a largo término contra la malnutrición y la pobreza, como factores originarios de la enfermedad, en vez de tomar la vía rápida, a saber, obligar a su pueblo a un acuerdo sanitario, bombardeándole con vacunas y fármacos contra el SIDA baratos, o gratis hechos en el extranjero. Estos dirigentes pueden no querer arriesgarse a las trágicas consecuencias médicas, y a los resentimientos políticos que podrían surgir entre su gente, como resultado.

World Health Organization (WHO).En efecto, la sola idea de inundar a los 6 miles de millones de la población mundial con poderosos antibióticos es para echarse a temblar. Incluso aquí, en Estados Unidos, donde nos gusta considerarnos a nosotros mismos como «médicamente sofisticados», los médicos y los ciudadanos han tenido un acceso tan libre a los antibióticos que han surgido cepas de organismos resistentes a las medicinas. En algunos países desarrollados, las mujeres todavía no han sido educadas con libros de texto sobre el uso de los contraceptivos; por eso mismo nadie espera que esas mujeres, o sus familias, utilicen antibióticos según una normativa. Esta laguna en la educación explica porqué la OMS se muestra entusiasmado con el TOD (tratamiento observado directamente). El TOD está previsto que sea el mejor sustituto para encomendar a la gente de todo el mundo que tome sus propias medicaciones, especialmente para las tuberculosis, como cofactor en sistemas inmunitarios debilitados. En algunos países desarrollados, el TOD no sólo significa que se le pide al paciente que se desplace hasta una clínica para tomar las píldoras bajo supervisión médica, sino que TOD también significa encarcelar al paciente que no coopera, y aplicar el tratamiento por la fuerza, incluso separando a los niños de riesgo de sus familias, si fuera necesario.

En EE.UU. y en Canadá el tratamiento con AZT se aplica ya a la fuerza en las madres VIH-positivas y en los niños, tal como vemos en los casos penales en los que las madres desafían este enfoque de ley penal sobre salud familiar. Éste es el «modelo» que estamos exportando. Cuando la OMS habla de la necesidad de mantener un TOD «con vigilancia» y «control», esencialmente lo que quieren decir es eso. ¿Qué va a evitar estos extremos de «control» que se requieren en África o en la India, como condición para recibir ayuda externa? ¿Especialmente sobre madres y niños? ¿Especialmente desde que las madres están consideradas como claves para el desarrollo económico global?.

Nadie que haya estado siguiendo las tendencias que he mencionado se hubiera sorprendido ante la carta del presidente Mbeki.

A medida que este ejemplar de A&U está en prensa, y que se acerca la conferencia sobre el SIDA de julio, los líderes pro-globalización están escalando sus posiciones en el SIDA. A principios de mayo, cuatro enviados de las Naciones Unidas (Costa Rica, Ucrania, Zimbabwe y la República Checa) hicieron una llamada a la Asamblea General de la ONU para que adoptase nuevas estrategias para la «cooperación» internacional del SIDA. La Casa Blanca, que se arrima al sol que más calienta, declaró el SIDA «un asunto de seguridad nacional» para los EE.UU. La Agencia Reuters informó: «Los funcionarios de EE.UU. se preocupan de que pueda socavar las economías, amenazar puestos militares y gobiernos y ocasionar otros problemas regionales». Las empresas de medicamentos más importantes juraron que bajarían los precios para los países africanos. La Casa blanca aprobó el «Plan Marshall» para África.

No es extraño que el presidente de Sudáfrica esté preocupado. El pronunciamiento de Mbeki puede ser sólo el principio, un mar de fondo de resistencia feroz a la política mundial del SIDA, de las naciones en desarrollo, que pueden elegir verlo como un chantaje.

* Los pronunciamientos sobre la política del SIDA del Banco Mundial y la Organización Mundial de la Salud pueden verse en sus páginas web http://www.worldbank.org y http://www.who.org.

* La periodista/autora es Patricia Nell Warren, que escribe para A&U, la revista nacional sobre SIDA, donde salió originalmente publicado este artículo (número 7/2000).

¿Durante cuánto tiempo todavía la mayoría de pueblos del mundo occidental continuarán con su ingenua creencia de que estas organización son humanitarias?