martes, 17 de marzo de 2009

LA VERDAD SOBRE ROBERT GALLO

La presión del Pasteur y de Francia obligaron a EEUU a efectuar investigaciones que condenaron a Robert Gallo por fraude científico.


Robert Gallo.El Dr. Gallo saltó a la fama mundial cuando, en una rueda de prensa celebrada el 23 de abril de 1984 junto con la ministra de Sanidad de EEUU, se presentó como el descubridor primero y único de la causa del sida. Afirmó que se trataba de un nuevo virus que había aislado, al que entonces denominó VLTH-III y que finalmente llamó VIH (Virus de la Inmunodeficiencia Humana).

¿Por qué el Dr. Gallo llamó VLTH-III al retrovirus que en 1984 afirmó ser causante del sida? A inicios de 1980, el Dr. Gallo dijo haber descubierto el primer retrovirus humano, al que finalmente logró presentar como causante de la leucemia humana de células-T, por lo que le puso el nombre de VLTH (Virus de la Leucemia de células-T Humana). Es interesante subrayar que la L del mismo retrovirus tuvo tres significados distintos. El Dr. Gallo estuvo durante un cierto tiempo con un retrovirus en busca de enfermedad. Al haberlo encontrado en una persona con linfoma, primero la L significó Linfoma. Cuando gracias a las orientaciones de un equipo holandés y a los serios esfuerzos de un japonés logró asociarlo a un tipo de trastornos leucémicos, la L pasó a significar Leucemia. Y durante el año en que intentó vanamente que el mismo virus que se suponía causar multiplicación de glóbulos blancos en el marco de la leucemia fuese reconocido como el causante de muerte de linfocitos en el marco del sida, la L transitoriamente indicó Linfotrópico.

Cuando se inventa el sida en 1981, comienza la carrera entre diferentes equipos de investigadores para determinar su causa. El Dr. Gallo propuso al VLTH como responsable del sida. Pero le resultó imposible hacer aceptar que el VLTH fuese tan multifacético. Llamar VLTH-III al virus que finalmente sí consiguió hacer reconocer como causa del sida, era una forma de señalar una gran similaridad con su propuesta de solución anterior y de reivindicar así toda su línea de investigación.

Pero, ¿cómo consiguió el Dr. Gallo por fin ser reconocido como el descubridor de un supuesto virus VIH causante del sida? Actuando en contra de los cánones científicos establecidos. No deja de ser curioso que los oficialistas que ahora nos echan en cara que desarrollemos el debate en un periódico en vez de hacerlo en las revistas científicas reconocidas, ignoren o se olviden de que el fenómeno sida, incluido que el VIH exista y que sea su supuesta causa, se lanzó a base de conferencias de prensa y sin que previamente se hubiese publicado ni un sólo artículo científico ni celebrado una reunión entre científicos de distintos centros que avalasen la noticia.

Los célebres cuatro artículos del Dr. Gallo en Science no contienen prueba alguna de aislamiento de un virus, y menos de que fuese la causa del sida. Pero no hacía falta. Los medios de comunicación, manipulados por el Dr. Gallo y los NIH para los que trabajaba, ya habían convertido en verdad pública y social mundial dos mentiras: que se hubiese encontrado un nuevo virus, el VIH, y que fuese la causa del sida...

AIDSgate de Ronald Reagan.En 1987, Reagan y Chirac lo redujeron a codescubridor. Los medios de comunicación españoles reflejaron muy pálidamente la disputa entre Francia y EEUU por la paternidad del VIH y de los tests para encontrar anticuerpos atribuidos a su presencia, con las importantes sumas de royalties que implicaban... y siguen implicando. Este litigio llevó a una reunión el 31 de marzo de 1987 en la Casa Blanca entre Reagan y Chirac, en la que llegaron al acuerdo de presentar a los Drs. Montagnier (Institute Pasteur-IP) y Gallo (LTCB -Laboratory of Tumor Cell Biology-) como codescubridores del VIH, y de repartirse al 50% ambos gobiernos el dinero ingresado por los tests. Según el «New York Times» del 31 de diciembre del 1992, se trataba de unos 50 millones de dólares entre 1985 y 1992, de los que el Dr. Gallo recibiría unos 100.000 dólares cada año hasta el 2002, al igual que Popovic y Sarngadharan, cuyos nombres también constan en el registro de la patente del test.

En cualquier caso, que representantes de dos de los principales estados occidentales se reuniesen para discutir sobre la paternidad del VIH, reforzó la imagen de que realmente ahí había algo por lo que pelearse. Confiamos en que el Debate sida dejará claro que este algo no es un inexistente VIH sino poder, fama, dinero... y la explicación pseudoracional del invento destructivo SIDA.

Pero la parte francesa continuó presionando porque consideraba que la paternidad correspondía exclusivamente al Dr. Montagnier y que el Dr. Gallo había actuado incorrectamente. Sin saberlo, se encontraron con un importante aliado: el Informe Crewdson, que concluye: «hubo o un accidente o un robo».

Esto contribuyó a que las autoridades norteamericanas tuviesen que abordar de nuevo el espinoso asunto.


«Las mentiras de la Ciencia».

Tras leer lo aquí contenido, ¿se extrañará alguien de que este libro incluya un capítulo dedicado a Gallo?. El título es muy significativo: «Gallo: El engaño no conduce a Estocolmo». El autor escribe creyendo que el VIH existe y es la causa del sida. Pero ello no es óbice para que incluya a Gallo entre sus científicos estafadores. Es lógico, calificar así a Gallo en absoluto implica romper con la hipótesis oficial.


...De codescubridor a ladrón.
Un premio Pulitzer del «Chicago Tribune» investigó veinte meses el trabajo del doctor Gallo con resultados escandalosos.

Lluís Botinas/Madrid.

1989: El «Chicago Tribune» es el único periódico en el mundo que decidió investigar a fondo la paternidad de eso llamado VIH, preocupado por la disputa entre los gobiernos de Francia y de los EEUU. Designó en marzo de 1988 un periodista para que fuese al fondo de la cuestión: John Crewdson, Premio Pulitzer en 1981.

Investigó el tema durante 20 meses. Entre otras fuentes, leyó mas de 5.000 páginas de documentos gubernamentales y entrevistó a 150 científicos de los USA y de otros países. Finalmente, el 19 de noviembre de 1989, el «Chicago Tribune» dedicó 16 páginas a hacer públicos los resultados obtenidos. El artículo de 50.000 palabras dibuja la zigzagueante carrera del Dr. Gallo y, sobre todo, narra con gran detalle las incidencias habidas entre un laboratorio y otro.

El propio Crewdson resume así la presentación: «La historia emerge menos heroica de lo que suele presentar, pero no menos espectacular: datos falseados y experimentos secretos, virus fantasmas y genes desaparecidos, resultados irreproducibles y notas de laboratorio embrolladas, cultivos sin etiquetar y fotografías manipuladas(...). Es la historia de un científico influyente e intimidador que persiguió un virus erróneo durante más de un año para luego emerger con un hermano virtual genéticamente gemelo del virus que había sido realmente descubierto por sus rivales de París. Lo que ocurrió en el laboratorio de Robert Gallo es un misterio que quizá no será nunca aclarado. Pero la evidencia abrumadora es que hubo o un accidente o un robo».

Es fundamental conocer la actitud que tuvo el Dr. Gallo ante la investigación: sabotearla. La nota de presentación del editor ya indica: «...casi desde el inicio de la investigación, el Dr. Gallo, una figura clave, dejó de colaborar. No sólo declinó repetidamente contestar las preguntas, sino que luchó contra la Libertad de Información de registros públicos e hizo numerosos esfuerzos para desacreditar la actividad de Crewdson». Lo más importante del extenso y sólido Informe Crewdson es que permite aclarar qué clase de persona es el Dr. Gallo.

El Senado y el Ministerio de Salud ratificaron estas conclusiones. Por ejemplo, dice que «no hay duda alguna que los científicos del IP fueron los primeros en aislar el virus del sida. Los científicos del LTCB realizaron todos estos experimentos con el virus del IP». También «un cuerpo sustancial de evidencia circunstancial muestra que desde el momento inicial de sus experimentos los científicos del LTCB conocían o tenían razones para conocer que el virus con el que estaban trabajando y que reclamaban como propio era el del IP. Los científicos del LTCB tuvieron evidencia adicional y convincente de que su virus era el virus del IP». Y añaden: «...los científicos del LTCB sabían que había algo que esconder e hicieron todos los esfuerzos para hacerlo».

Completan: «La respuesta del Ministerio de Sanidad de los USA fue defender, a cualquier precio y al margen de la evidencia, las pretensiones del Dr. Gallo et al.(...) Los oficiales aceptaron acríticamente todo lo que les fue dicho por el Dr. Gallo y sus colegas, incorporando, indiscriminadamente y sin confirmarla, la información de los científicos del LTCB a los informes oficiales».

Los resultados obtenidos por este subcomité (dirigido por el congresista John Dingell) y los de un equipo de la Academia Nacional de Ciencias (dirigido por Frederic Richards, bioquímico de Yale), hicieron que el HHS cambiase las conclusiones de una primera investigación (hecha por su OSI: Office of Scientific Integrity) en las que sólo acusaba al Dr. Gallo de ser un mal colega. Tras una revisión que duró nueve meses la segunda investigación (de la ORI: Office of Research Integrity, que sustituyó a la OSI) llegó a conclusiones semejantes. Las explicaciones del Dr. Gallo acerca del informe no son creíbles ni quitan peso a lo impropio de relatar falsamente el status del LAV.

Teniendo especialmente en cuenta el carácter básico de las investigaciones y sus profundas implicaciones en la salud pública, la ORI considera que la falta de cuidado y la inaceptable conservación de los registros de la investigación reflejan una gestión irresponsable del laboratorio (dirigido por el Dr. Gallo), lo cual ha obstaculizado permanentemente la posibilidad de hacer el seguimiento de los pasos importantes realizados.

El Dr. Gallo tampoco logró determinar de forma oportuna el origen exacto de algunas de las células cruciales en las que se multiplicó el virus. Al igual que con los virus, también se encontró que las células habían sido tomadas prestadas de otro científico al que no se le hizo la debida mención en el artículo. Más tarde, el Dr. Gallo se negó a compartir libremente las células con otros científicos, obligando a duplicar importantes trabajos.

Defensores del Dr. Gallo han hecho saber que posteriormente fue plenamente rehabilitado y que «ve con cuidado con lo que escribes». Posteriormente tuvo lugar una modificación de ciertos reglamentos deontológicos de forma tal que, con los nuevos, la actuación tenida por el Dr. Gallo dejaba de ser calificada como mala conducta científica para pasar a ser infracciones relativamente menores que engrosaron las que ya tenía acumuladas.


En su intervención en el curso «Las epidemias del Siglo XXI», que se celebró en Barcelona del 15 al 17 de abril de 1997 y al que el doctor Gallo acudió en calidad de invitado estrella, el investigador dijo en su conferencia «El descubrimiento de los retrovirus y del VIH» que «el VIH es la probable causa del sida». Esta formulación pone en entredicho lo que la inmensa mayoría de científicos y médicos defienden sin haber pedido las pruebas científicas necesarias. El cuestionamiento a las investigaciones del doctor Gallo se tradujo en su crispación, que adelantó el final de la rueda de prensa, y también en la premura en cortar el debate.
Gallo se protege.
El doctor Gallo realizó una inconsciente maniobra defensiva al decir que el VIH es la «probable» causa del sida.

Lluís Botinas/Madrid.

El Dr. Gallo estuvo en Barcelona el pasado 16 de abril, invitado por La Caixa como figura estelar del curso «Las epidemias del Siglo XXI».

Su nerviosismo fue patente durante la rueda de Prensa que precedió a su conferencia. Comenzó media hora más tarde de lo previsto. No pudo disimular su irritación cuando se le preguntó sobre el cuestionamiento del Dr. Lanka de la existencia del VIH (ver Diario 16, 3 y 15 de abril de 1997) y sobre su condena en los Estados Unidos por mala conducta científica. El resultado fue que se acabó en apanas 20 minutos, antes de que la mayoría de periodistas -en particular el de DIARIO 16, al que el Dr. Gallo había despreciado- pudiesen preguntar nada.

Y el nerviosismo se transmitió a los organizadores en el debate que debía tener lugar después de la intervención. Lo introdujeron con un: «Es tarde. El Dr. Gallo ha volado, ha dado tres conferencias de prensa, está cansado, debe viajar». Cuando tomé la palabra para defender la propuesta que había entregado por escrito a los organizadores una hora antes de la rueda de Prensa, la actitud del Dr. Gallo fue hablar buscando ridiculizarme (ver Diario 16, 18 de abril de 1997). Entonces el moderador me interrumpió, rompiendo los acuerdos previos.

Probablemente fue este ambiente crítico el que llevó al Dr. Gallo (¿inconscientemente?) a protegerse en su exposición al decir (según la traducción al castellano) que «El VIH es la «probable» causa del sida». Es decir, reconoció que no está demostrado que el VIH sea causante del sida. Así, da la razón a los críticos cuando decimos que se trata de una simple hipótesis, es decir, una suposición no comprobada.

Quizá su memoria le llevó a la rueda de prensa del 23 de abril de 1984, cuando la Ministra de Sanidad de EEUU anunció que el Dr. Gallo había encontrado la «probable causa del sida».

En realidad, los científicos rigurosos nunca han dicho otra cosa. Esto queda ilustrado por el Premio Nobel Kary Mullis cuando explica qué le hizo convertirse en uno de los disidentes más conocidos. Fue el buscar las referencias bibliográficas originales que mencionar como demostración precisamente de la frase: «El VIH es la probable causa del sida». No las pudo encontrar...

Conviene recordar que ya en 1990 el Dr. Montagnier formuló su hipótesis de la necesidad de otro factor al llegar a la conclusión de que el VIH no puede matar célula alguna. El padre y el ladrón de «eso» llamado VIH se están protegiendo. Sus seguidores, no.


Llamada a los científicos.

La inmensa mayoría de científicos y médicos no están directamente implicados en el tema «sida». Han tenido fe en que los retrovirólogos aislaron en 1984 un nuevo virus que explicaba lo que las autoridades médicas norteamericanas lanzaron en 1981. Y aún creen lo que nosotros también creíamos cuando empezamos. Paso a paso, lo hemos ido cuestionando. Y llevamos años pidiendo un debate científico y público entre oficialistas y críticos.

Los científicos directamente implicados son los más reacios a dicho debate. Porque están impregnados de la versión oficial. Porque el bosque les impide ver los árboles. Porque saben que están administrando tratamientos venenosos cuya única justificación es que, suponen, son anti-VIH.

Pedimos a los científicos no directamente implicados que actúen de árbitros, que aporten tranquilidad y exijan rigor. Por ejemplo, a los biólogos celulares que estudien las fotos supuestamente del VIH y que las comparen con las de las vesículas celulares de transporte.


Un carácter despótico.
«Si se muere, hablaré».

Dentro de las estrategias de coacción generadas inconscientemente para defender un modelo a imitar, destaca en el doctor Robert Gallo el gran énfasis que hace en la lealtad personal y su legendario mal genio, reflejadas como las razones aducidas más frecuentemente por aquellos que lo conocen pero se niegan a hablar de él si se graba la conversación. Un antiguo asociado suyo habló en nombre de muchos cuando me dijo: «Si se muere, podré hablar con usted».

Reacciones reveladoras.

He aquí algunas reacciones del doctor italo americano Robert Gallo, que ilustran como es el personaje.

  • Ante el doctor Montagnier, cuando formuló su hipótesis de los cofactores: «No hace falta ningún otro factor cuando a alguien lo atropella un camión».
  • Acerca del cuestionamiento del Dr. Mullis a que VIH=SIDA: «Dice tonterías, no teorías».
  • Frente a quienes niegan la existencia del VIH: «¡Fascistas!».
  • A la propuesta de abrir un debate en torno al sida: «El debate sería mejor hacerlo en una avioneta con luces de neón: así se harían ustedes famosos» (Diario 16, 18 de abril de 1997).
  • Con los medios de comunicación presentes en la Rueda de prensa: Ni mirarlos, responder agresivamente y... cortarla.

Bibliografía:
  • John Crewdson, «The Great AIDS Quest», Chicago Tribune, 19-nov-8.
  • «VIRUS HUNTERS: In search for funding. Bob Gallo: Criminal or Hero?», dossier VIO, Hilversum, Holland, 1995.
  • Neville Hodgkinson, «AIDS The Failure of Contemporary Science». How a Virus That Never Was Deceived the World. Fourth Estate. London, 1996.
  • Peter H. Duesberg, «Inventing the AIDS virus». Foreword by Nobel Laureate, Kary Mullis. Regnerey Publishing, INC. Washington, D. C. 1996.