martes, 30 de diciembre de 2008

CHRISTINE MAGGIORE HA MUERTO a los 52 años.
No sabemos más, adelantamos la triste noticia. Ha muerto una resistente. Con ella, se va un trocito de nosotros. Su lucha es un ejemplo para todos los pusilánimes del mundo.
Christine, empezó militando en organizaciones norteamericanas contra el SIDA hasta que ella misma descubrió que su seropositividad era dudosa cuando los resultados de varios tests que se hizo diferían unos de otros: en un laboratorio resultó negativa; dudosa en otro... así empezó a cuestionarse la realidad del SIDA. Se relacionó con científicos y estudiosos que le pudieran explicar la verdad tremenda, como PETER DUESBERG, EL GRUPO DE PERTH, ROBERTO GIRALDO... Desde entonces, su lucha fue para desenmascarar la mentira. Creó la organización ALIVE&WELL con el fin de denunciar y ayudar a los afectados a liberarse del estigma SIDA.
Su vida y lucha fueron duras. Tuvo dos hijos con Vicente Scovill, realizador del documental THE OTHER SIDE OF AIDS. Sus hijos nacieron sanos, por supuesto. Luchó con todas sus fuerzas contra el estado norteamericano que no aceptaba su postura de no dar medicación a los hijos. Se negó a que sus niños pasaran por el peligroso filtro del diagnóstico VIH. Los niños crecían sanos. Hasta que Eliza Jane murió a los 3 años en mayo de 2005 por una intoxicación de amoxicilina. Christine, rompiendo sus esquemas y preocupada por un mal proceso broncorespiratorio de Eliza Jane, acudió al pediatra y este le recetó el antibiótico que le costó la vida. El estado acusó de negligencia a Christine y declaró que la muerte de la niña había sido por neumonía provocada por el VIH. La autopsia demostró que había muerto por un shock producido por la toxicidad del antibiótico. Desde entonces, muchas madres diagnosticadas VIH+ esconden su maternidad a los servicios sociales o intentan evitar de mil maneras posibles el entregar a sus niños en la máquina trituradora de un sistema regido por las ideas neoconservadoras y por los beneficios inmensos de la industria farmaceutica cuyo poder tiñe de corrupción todos los estamentos de la salud y la vida.

Un recuerdo para ti, Christine