sábado, 7 de junio de 2008

Manuel Garrido. Médico etiquetado como seropositivo en 1987

¿Cuál es su opinión acerca de la actual visión oficial sobre el sida?.

Manuel Garrido. Creo que las cosas se enfocaron mal desde el principio, atribuyendo un origen infeccioso común a una serie de problemas de tipo crónico, producidos por causas diferentes. Las intoxicaciones persistentes por ciertas drogas -heroína, cocaína, alcohol, etc.-, la desnutrición, las infecciones repetidas y/o graves, los problemas serios de hígado y riñón, las trasfusiones repetidas de sangre, los agentes que afectan a la médula ósea (donde se forman las células de la inmunidad), como son las radiaciones y los citostáticos (los fármacos utilizados contra el cáncer), el uso prolongado de ciertos medicamentos, como antibióticos y corticoides, etc., son factores generadores de inmunodeficiencia adquirida. Todos los mecionados figuran como tales en los textos de medicina.

La supuesta epidemia provocada por un supuesto virus mutante, el VIH, no es en realidad más que el incremento de los viejos factores conocidos que provocan inmunodeficiencia. En resumen, se han juntado un montón de problemas médicos, que poco tienen que ver entre sí, y los han pegado malamente bajo una causa común, el VIH, a base de introducir un montón de suposiciones que nadie ha probado.

¿Qué razones le llevaron a interesarse por los planteamientos de los científicos disidentes?.

Fue sobre todo mi propia condición de seropostivo. Otra razón fue el hecho de saber que había opiniones científicas discrepantes, sostenidas por científicos relevantes. Lo digo porque la práctica totalidad de mis colegas, incluso especialistas, no saben siquiera que existen visiones científicas muy autorizadas, diferentes de las que han venido oyendo. Una cosa muy importante, a propósito de estas condiciones discrepantes, es que no plantean nada que no haya sido dicho antes. Fue decisivo para mí el hecho de comprobar que estaban siendo censurados, boicoteados y desprestigiados por el establishment del sida.

Mi sorpresa inicial dio paso a la indignación. Aquella actitud, inaceptable en ciencia, junto a la propia coherencia de los argumentos críticos, comparados con los escasos y cambiantes, aunque siempre machaconamente repetidos, argumentos de los defensores de la hipótesis oficial, fue lo que terminó por convencerme. Es un hecho puro y simple que los expertos oficiales del sida, a pesar de su gran número y sus enormes medios, no son capaces de rebatirlos mediante argumentos y tienen que recurrir a la censura y a la represión.

¿Ha tenido problemas serios de salud?.

No, en absoluto, si exceptuamos una anemia que tuve en el 1989. Y ello es bastante extraño. Tras comunicárseme que era seropositivo, inicié una vida, que duró cinco años, que no tenía nada de saludable sino todo lo contrario, y que fue, como la de cualquier seropositivo, un auténtico infierno individual. Bebía mucho, me alimentaba fatal y era como si no tuviera ninguna motivación para vivir. De hecho, la anemia que tuve fue debida a una hemorragia digestiva producida por el alcohol. De existir ese virus, tendría que haberme matado hace años.

¿De qué cree que se muere la gente, entonces?.

He visto que entre los científicos críticos no hay una opinión unánime al respecto, si bien todos están de acuerdo en que el VIH no produce el sida. Probablemente, el sida, que es una mala redefinición moderna de un viejo problema, obedece a distintas causas combinadas. De hecho, se aprecia que la mayoría de la gente se recupera corrigiendo estas causas. Ahora bien, coges a una persona sana, le dices que es portadora y trasmisora de un virus mortal, le das una medicación que en realidad es inmunosupresora, como se explicará, y ya tienes de qué están muriendo muchas personas. Aunque no todas, en particular las que pronto rompen con esta rueda infernal.

¿Cómo respiran sus colegas médicos en relación a esta polémica?.

Existe una gran desinformación entre ellos. Sería raro lo contrario, pues las opiniones científicas discrepantes han venido siendo excluidas de la literatura científica médica habitual todos estos años, así como de los medios de comunicación. Los científicos críticos vienen siendo sistemáticamente excluidos de esos descomunales congresos internacionales sobre el sida. Por mi parte, he intentado durante los últimos años interesar en el tema a casi un centenar de colegas, facilitándoles trabajos fotocopiados de estos científicos. Ha sido un fracaso ya que, con raras excepciones, el desinterés es la tónica. Tuve que dejar de hacerlo, decepcionado, pues era una ruina económica.

Se supone que los médicos deberían ser los primeros interesados en estar informados sobre el tema.

Comprendería que no se concediera mayor importancia a lo que puede decir un médico del montón, como yo lo soy. Pero hay que tener en cuenta que estamos hablando de científicos de gran talla. Por ejemplo, de Peter Duesberg, considerado desde hace años una de las autoridades mundiales en el campo de los retrovirus y que había sido propuesto por las autoridades norteamericanas como candidato al Nobel hasta que en 1987 se atrevió a cuestionar el dogma VIH=SIDA. O de Kary Mullis, Nobel de Química del 1993 por descubrir la técnica más avanzada para detectar y multiplicar información genética en forma del ácido nucleico ADN del origen que sea, vírico o no. Podría seguir, pero sé que debo abreviar. Hay luego una cosa que está dando pie a la impunidad por parte de los especialistas a la hora de su malpráctica médica, y es que los médicos nunca han tenido unos pacientes tan avergonzados y sumisos como los llamados enfermos de sida, y sus propias familias no están nada inclinadas a querer saber de qué fallecen, si por un virus o por el tratamiento. Al final, el VIH carga con todas las culpas de lo que son tres elementos destructivos: un diagnóstico terrorífico que le quita a la gente su esperanza en el futuro, un pronóstico mortal que no tiene justificación y, sobre todo, unos tratamientos que en pocos meses enfermarían gravemente a cualquier sano y a los que es imposible sobrevivir a largo plazo.

¿Qué hay de los especialistas del sida?.

Tanto los especialistas de las unidades de seguimiento hospitalarias del sida como los Nájeras, Clotets y demás expertos oficiales, se han acostumbrado a que nadie cuestionara su trabajo. A pesar del hecho indudable de que no han conseguido una sola remisión clínica completa, en definitiva, ninguna curación de un enfermo de sida, han sido reverenciados, adulados y tratados como autoridades. Ellos llaman ciencia a lo que se publica en las revistas, y lo que se publica en las revistas está escrito por ellos, como muy perspicazmente ha señalado Mullis. Desde su punto de vista, comprendo que lo mejor que pueden hacer es seguir ignorando, censurando y desprestigiando a los científicos que no piensan como ellos, mientras sigan disponiendo, claro está, a su antojo de los medios de expresión públicos. Esto les está dando muy buen resultado por ahora, aunque no sea ni más ni menos que la táctica del avestruz.

¿Qué opina acerca de los tratamientos oficiales actuales?.

Si el sida es el debilitamiento, por las causas que sean, del organismo frente a las infecciones, un tratamiento que sea correcto debe corregir ese debilitamiento. Los tratamientos oficiales con «nucleósidos análogos» -AZT-Retrovir, ddI-Videx, ddC-Hivid, 3TC-Epivir, etc.- y con antibioticoterapias preventivas de larga duración, no sólo no ayudan a corregir el debilitamiento sino que lo agravan, al tiempo que producen grave inmunodeficiencia en quien no la tenía previamente. En efecto, hace muchos años que tanto los citostáticos -los «nucleósidos análogos» son un subtipo- como el uso de antibióticos por períodos prolongados, están documentados como causa de inmunodeficiencia en los libros de texto de medicina.

Siendo así ¿por qué los médicos los recetan?.

La razón es que estos venenos celulares -como también se designa en Farmacología elemental a los citostáticos- están supuestamente avalados por pretendidos estudios objetivos -ensayos clínicos- que demostrarían su supuesta utilidad en los enfermos de sida. Lo que no se hace público es el aspecto económico. Resulta que los ensayos los pagan las propias multinacionales interesadas en que sus productos sean reconocidos como medicamentos, y ya se sabe que «Quien paga, manda». Tengo referencias de la existencia de documentación que demuestra concluyentemente que los ensayos clínicos usados para lograr el reconocimiento del AZT-Retrovir en 1987, fueron fraudulentos y tendrían que haber sido descalificados.

En lo que se refiere a los nucleósidos análogos, es imposible creer en sus beneficios ya que su función es precisamente impedir la división celular. Por esto los citostáticos son conocidos por su capacidad de provocar anemias, descenso de plaquetas y leucopenias, entre otros daños. En un primer momento, tras la administración de estos tóxicos, se ha visto que provocan una estimulación transitoria del sistema inmune, pero ello es debido precisamente a su fuerte toxicidad, que genera una reacción defensiva que hace que más linfocitos T afluyan al torrente sanguíneo. Esta es la explicación de la «subida de T4» que los expertos presentan como una mejoría, cuando en realidad es el preámbulo de la caída en picado. En efecto, pasado este período inicial, empieza a manifestarse el verdadero rostro de estos productos, con la aparición de anemias, atrofia muscular, inmunodepresión por leucopenias y, en definitiva, muerte al cabo de unos años. Pero cuando empiezan a manifestarse los efectos adversos de esos fármacos, nuestras «eminencias hospitalarias del sida» dicen que ya no son eficaces debido a que... ¡El virus ha mutado y se ha hecho resistente!. Si se irradiara fuertemente a los seropositivos, también veríamos que primero habría una estimulación de la inmunidad, tras la cual acabarían manifestándose los efectos letales. La única diferencia es que la muerte que se produce por los citostáticos es atribuida al VIH.

¿Y los tan promocionados cócteles?.

Food and Drug Administration.

Las «terapias combinadas» tan en boga suelen constar de dos «nucleósidos análogos» más un llamado inhibidor de la proteasa -Saquinavir, Ritonavir, Indinavir, etc.-. Por lo tanto, es lógico que aparezcan los ya mencionados gravísimos efectos de los primeros. Y de los segundos se sabe aún poco, pues la FDA los aprobó en un tiempo récord -72 y 42 días, respectivamente, los dos últimos-. Fueron lanzados a bombo y platillo en enero del 1996 como sin efectos secundarios. Pero ya han salido varios artículos científicos indicando que esto es falso. La revista «Lancet» del 29 de marzo publicaba que se había detectado que el Indinavir produce hepatitis severas. Y es inevitable que sean muy dañinos a medio plazo porque rompen el sutil y complejísimo equilibrio entre proteasas y antiproteasas naturales que tiene lugar en todo el cuerpo. El drama es que los médicos que los aplican creen que la disminución de lo que llaman carga viral que observan al empezar a administrar los cócteles es un índice de mejoría, cuando en realidad lo es de reducción de actividad biológica. Se autoengañan y engañan utilizando incorrectamente la técnica PCR inventada por Mullis.

¿Qué consejo daría a una persona etiquetada?.

Que tenga en cuenta que los cócteles no sólo no son una solución, sino que son muy peligrosos a medio plazo. Que lo más importante es recuperar las ganas de vivir y de morirse de viejo. Que asuma la responsabilidad y contraste las distintas informaciones. Que sepa que hay tratamientos no agresivos que son infinitamente mejores que los hospitalarios.