lunes, 23 de marzo de 2009

Injustificable actitud.

Más Allá de la Ciencia. N° 105. Noviembre del 1997.

Editorial.

Injustificable actitud.

La actitud de determinadas autoridades políticas y sanitarias españolas ante las reiteradas peticiones formuladas por MÁS ALLÁ DE LA CIENCIA reclamando información sobre un asunto socialmente tan grave y preocupante como el del SIDA es absolutamente injustificable y describe una característica propia de buena parte de los gestores de la cosa pública -que, a fin de cuentas, eso se supone que son- que por desgracia solemos tener que soportar los administrados de todos los países. Porque ¡casi un año después! de nuestras primeras gestiones ante diversos cargos y organismos públicos y privados -incluidos, como último recurso, el Presidente del Gobierno y S. M. el Rey-, seguimos sin obtener nada de lo que solicitamos. El silencio reiterado como respuesta -signo inequívoco que denota muchas veces la actitud de soberbia prepotente que adorna a quién en razón de su cargo así actúa- ha sido la nota dominante que ha definido la actitud de quienes ostentan cargos de responsabilidad en tema tan importante. Con el agravante de que cuando ese silencio ha sido roto, las respuestas nos dejaron boquiabiertos. Porque, ¿cómo puede decirnos el Consejo General de Colegios Médicos, entidad que aglutina a toda la clase médica española en ejercicio, a través de su Secretario, Antonio Entisne, que ese órgano no tiene documentación que demuestre que el VIH ha sido aislado y es el causante del Sida? ¿Y cómo puede explicarse que toda la documentación que al efecto nos pueda aportar Francisco Parras, Secretario del Plan Nacional contra el Sida, organismo del Ministerio de Sanidad y Consumo encargado expresamente del asunto, sean unas cuantas fotocopias de un libro norteamericano? ¿Qué está pasando? ¿Por qué los responsables sanitarios de nuestro país se niegan a debatir públicamente la explicación que ofrecen del Sida y las terapias que aplican, con quienes -muchos de ellos médicos e investigadores de prestigio- disienten abiertamente de tales argumentos? ¿Y cómo se justifica que, estando abierta esa polémica y habiéndose reconocido que no hay terapia efectiva para combatir el Sida, se imponga a todos los españoles presuntamente enfermos la medicación y tratamientos que las autoridades deciden? ¿Cómo es posible que a alguien que probablemente morirá irremisiblemente -según esos mismos médicos- se le niege el derecho a ser tratado con fármacos o métodos alternativos? ¿Qué se oculta -intereses económicos incluidos- detrás de esta inaceptable actitud?

MÁS ALLÁ DE LA CIENCIA no va a parar hasta encontrar respuestas. Tienen los lectores nuestra palabra.