miércoles, 28 de enero de 2009

RAZONES PARA NO CREER. LO QUE NO SE DICE DEL VIH/SIDA


http://www.canasanta.com/articulo-x/lo-que-no-se-ha-dado-a-conocer-sobre-el-sida-00001.html

Un informe del organismo del SIDA de las Naciones Unidas (ONUSIDA) advierte del crecimiento del SIDA en el Tercer Mundo. El informe critica el hecho de que los (supuestamente) beneficiosos «cócteles de fármacos» no se aplican allí debido a su coste, y ello perjudica a los correspondientes afectados.

Un padre de los Estados Unidos ha inyectado a su hijo «el virus del SIDA» para que éste muriese y aquel pudiese dejar de pagar a la madre la pensión que le pasaba. El hijo -del cual no se explica qué tratamiento está recibiendo- «ha desarrollado la enfermedad» y está «en fase terminal». El juez ha condenado a cadena perpetua al padre no sin advertirle que no recibiría castigo suficiente hasta que se «consumiese en los infiernos».

Este es el tipo de noticias que aparecen en los medios de comunicación cuando se habla del SIDA. La inmensa mayoría de la población desconoce los contenidos y argumentos que no sean los que sustentan la línea oficial, y solamente recibe informaciones que avalan el terror al presunto virus VIH.

Sin embargo, lo que no sabe la inmensa mayoría de la población es que existe una corriente de más de 800 científicos -entre ellos dos Premios Nobel y tres miembros de la Academia Americana de Ciencias- que cuestionan los tres aspectos claves: la validez de los tests aplicados, la bondad de los tratamientos recibidos e incluso la existencia misma del «retrovirus» VIH.

Los tests.

Los principales «tests del VIH» usados en el Estado español son dos: el ELISA y el Western Blot. El ELISA es considerado menos fiable y es usado como «test de detección». En cambio, el Western Blot es considerado totalmente fiable y es usado como «test de confirmación». En caso que una persona dé positivo a dos tests ELISA, se le aplica un test Western Blot. Si también da positivo al Western Blot, entonces se le diagnostica definitivamente como «infectado por el VIH». Y muchas personas que han dado positivo al ELISA, dan negativo al Western Blot, por lo que oficialmente se considera que los ELISA dan muchos falso-positivos.

Resulta así importante saber que en Inglaterra y en el País de Gales el test Western Blot está prohibido desde 1992 porque el Centro de Referencia de Londres consideró que es poco fiable, y se usa solamente el test ELISA. Sería lógico, pues, suponer que proporcionalmente haya muchos más seropositivos en Inglaterra, por ejemplo, que en el Estado español. Pero no es así: se calcula que hay unos 30.000 seropositivos ingleses frente a 150.000 seropositivos españoles (aunque no se conoce la cifra exacta). La causa de ese resultado es que se puede variar el umbral de los «test del VIH», por encima del cual se los da como positivos, y por debajo, como negativos. El número que resulte de personas «seropositivas» depende, pues, de dónde se decida situar dicho nivel.

Para ilustrar este hecho es bueno recordar que cuando el doctor Robert Gallo ofreció en 1984 su primer test del VIH a la industria de la sangre para controlar las transfusiones, resultó que el 30% de los donantes daba positivo, por lo que fue rechazado inmediatamente puesto que un porcentaje así hundiría este gran negocio. El doctor Gallo decidió entonces subir el umbral de reacción del test hasta que dio un porcentaje de «positivos» suficientemente pequeño, un 3%, como para que resultase aceptable para dichos empresarios. Al parecer, posteriormente se fue elevando hasta dar entorno a un 0,3%.

La revista estadounidense Zenger's, de California, publicó en septiembre de 1996 una lista de 64 artículos aparecidos en diversas revistas científicas, en donde se advierte que los llamados «test del VIH» reaccionan dando positivo ante más de 70 enfermedades (como hemofilia, hepatitis, tuberculosis, gripe, malaria) o situaciones (como embarazo de varios hijos, sexo anal receptivo, recibir transfusiones sanguíneas o transplantes, ser vacunado de hepatitis, gripe, tétanos,...) que no tienen nada que ver con el VIH, son lo que se llama «reacciones cruzadas».

Es ilustrativo el caso de un bebé nacido en la provincia de Málaga. En el hospital donde nació le hicieron (ilegalmente) la «prueba del VIH» y salió positivo. Sin embargo, le aplicaron los tests tanto al padre como a la madre y ambos dieron negativos. Por suerte, un amigo que conocía los planteamientos críticos les comentó que los criterios de interpretación cambian de un país a otro. Los padres decidieron hacer la prueba al hijo en el hospital inglés de Gibraltar, y allí dio negativo al test. Al volver al hospital donde se hicieron los primeros test, les dijeron a los padres que el test aplicado en Gibraltar al bebé no era válido porque no ha sido realizado en territorio del Estado español. Por suerte, el niño crece sano y fuera ya de peligro.

Los «tests del VIH» detectan, en teoría, unos anticuerpos que reaccionan frente a unas determinadas proteínas de «la envoltura del VIH». Lo que no sabe el gran público es como se establecieron cuales son las supuestas «proteínas del VIH», pero lo sabemos con precisión desde la XII Conferencia Mundial de SIDA acaecida en Ginebra del 28 junio al 3 de julio de 1998. El doctor Gallo reconoció involuntariamente en este congreso que había añadido hidrocortisona en sus cultivos para, según él, estimular el crecimiento celular. Esto ya lo denunció en su momento un ex-colaborador suyo, el doctor Popovic. Para comprender este hecho, hemos de saber que la hidrocortisona en realidad no estimula sino que retrae el crecimiento celular, y provoca la aparición de unas proteínas de estrés que son las mismas que se dan en personas estresadas. Ello explica porqué la mayoría de personas que dan positivo a los «tests del VIH» se encuentran en una situación de un tipo u otro estrés crónico: tóxico (drogas, metadona, «poppers», medicamentos de síntesis química, proteínas extrañas que acompañan al Factor VIII administrado a los hemofílicos), psicoemotivo, infeccioso (repetidas infecciones con enfermedades de transmisión sexual), nutritivo (malos hábitos de vida, mala alimentación, Tercer Mundo), etc.

En la actualidad, y en Occidente, se aplica un relativamente nuevo parámetro llamado «carga viral». Se supone oficialmente que el marcador indirecto «carga viral» indica el número de «virus VIH» por mililitro de sangre. Pero la cantidad dada por la «carga viral» se obtiene con la técnica PCR inventada por el doctor Kary Mullis, por cuya invención recibió el Premio Nobel de Química en 1993. Pues bien, el propio doctor Mullis explica que la técnica PCR no sirve para medir carga viral alguna, y ha lamentado públicamente haberla inventado, habida cuenta de su mala utilización en el caso del SIDA.

Para documentar este mal uso, dos miembros de la organización HEAL de Los Ángeles midieron sus «cargas virales». Resultó que Rodney Knoll, oficialmente «seronegativo», tenía una «carga viral» considerablemente mayor que Christine Maggiore, oficialmente «seropositiva».

Además, hay que tener presente que en un encuentro de la OMS celebrado en Bangi (África Central) en 1985 se estableció que en los países del Tercer Mundo no era necesario, por falta de medios, dar positivo a ningún test para considerar a una persona «caso de SIDA» y, por lo tanto, «infectada por el VIH». Solamente es necesario presentar dos de entre tres signos mayores y uno de entre siete signos menores, por lo demás comunes en el continente africano, para ser diagnosticado como «enfermo de SIDA». Esto supone una redefinición a «casos de SIDA» de enfermos con síntomas de enfermedades habituales en África, y explica la tan proclamada «terrible epidemia de SIDA» allí.

Los tratamientos.

En la XI Conferencia Mundial de SIDA celebrada en Vancouver en julio de 1996, se estableció oficialmente administrar en seguida y en grandes dosis la terapia combinada de varios fármacos, los llamados «cócteles». Generalmente consisten en tres medicamentos: dos de la familia de los nucleósidos análogos (AZT-Retrovir, ddI-Videx, ddC-Hivid, 3TC-Epivir, D4T-Zerit...) y uno de la familia de los llamados «inhibidores de la proteasa» (Indinavir-Crixivan, Saquinavir-Invirase, Ritonavir-Norvir...). El negocio de los tratamientos del SIDA se extendía del anterior monopolio de la Glaxo-Wellcome, con el AZT-Retrovir, al posterior comercio compartido, según un acuerdo adoptado por doce empresas un mes antes de dicha Conferencia.

Una de las muchas contradicciones que tienen los nucleósidos análogos aplicados en el tratamiento del llamado SIDA es que precisamente son inmunosupresores. Lo reconocen los propios prospectos, tanto del fabricante Sigma del AZT, al informar de que los «órganos diana son la sangre y la médula ósea», como el del AZT-Retrovir de Glaxo-Welcome, al reconocer que genera anemia y muchas otras escaseces graves. Ello se explica como consecuencia de que los nucleósidos análogos tiene como función impedir la división celular. En efecto, el AZT se inventó en 1964 contra el cáncer, aunque nunca llegó a aplicarse a personas porque los experimentos con animales mostraron que era demasiado tóxico, y entonces fue aparcado. Sólo múltiples maniobras interesadas hicieron que en 1987 fuese proclamado, con el nombre comercial de Retrovir, como «primer tratamiento oficial contra el SIDA» y empezase a ser administrado a centenares de miles de personas.

En efecto, cuando una célula tiene que dividirse, las dos hebras del ADN de sus cromosomas se abren y se van formando dos hebras complementarias, al irse añadiendo nucleósidos naturales del entorno interno de la célula. Resultarán, pues, cuatro hebras de ADN que, unidas dos y dos, transmitirán la misma información genética a las dos células hijas resultantes de la división. Pero los nucleósidos análogos químicos, como el AZT-Retrovir, se incrustan en la formación de las hebras complementarias impidiendo que se continúen formando, con lo que evitan la división. Por consiguiente, la célula madre muere. Esto es una de las explicaciones de porqué los presentados como «enfermos de SIDA» que toman los nucleósidos análogos mueren, esqueléticos, a medio plazo.

Los inhibidores de las proteasas artificiales acaban impidiendo el funcionamiento celular y orgánico, por lo que también son tóxicos. Para digerir los alimentos y reciclar las proteínas del billón de células que mueren diariamente en cada ser humano, en cada célula existe un delicado y complejísimo equilibrio entre las proteasas, que dividen las proteínas, los inhibidores de proteasas naturales, que desactivan provisionalmente la acción de las proteasas, y los activadores de proteasas, que las vuelven a poner en marcha. Los inhibidores de las proteasas artificiales son como soldaduras que impiden definitivamente el funcionamiento de las proteasas, y están diseñados de manera que no pueden ser eliminados (de ahí que los médicos hospitalarios recomienden a sus pacientes tomar mucha agua: intentar eliminar los inhibidores artificiales por orina, y retrasar el aumento de su concentración en el cuerpo). Los efectos de su consumo continuado, con el correspondiente aumento de concentración de inhibidores de proteasas químicos en el cuerpo del paciente, se traducen en problemas digestivos, piedras renales, sangre en la orina, fatiga, náuseas, diarrea, vómitos, dolores en articulaciones, diabetes, acumulaciones de grasa, flaccidez muscular, etc.

El doctor Anthony Fauci, declaró ya en el New York Times del 22 de agosto de 1997 que los casos en que los cócteles habían producido recuperaciones espectaculares, al cabo de una docena de meses caían en picado porque, según él, «el VIH muta, se vuelve resistente, resurge con redoblada energía y acaba matando a la persona afectada». Pero para los especialistas oficiales es muy cómodo responsabilizar de la muerte de sus pacientes a todas las capacidades posibles que atribuyen a un «virus VIH», cuya propia existencia está siendo cuestionada.

El supuesto VIH.

Según el biólogo, virólogo y genetista alemán Dr. Stefan Lanka, no se han cumplido las condiciones científicas necesarias para demostrar que ha sido aislado el «virus VIH». Ello cuestiona su misma existencia.

El doctor Lanka es uno de los pocos virólogos en el mundo que ha aislado un nuevo virus. Se trata del Ectocarpus Siliculosus Virus (EsV), el primero hallado en un alga marina eucariota.

Para aislar un virus hay que presentar cuatro fotografías: del virus infectando células, del virus solo, de las proteínas de su envoltura y de su ácido nucleico. Luego hay que determinar qué aminoácidos componen sus proteínas y qué letras genéticas su ácido nucleico, y en qué orden están colocados, es decir, hay que proceder a secuenciarlos. También hay que efectuar los experimentos de control, es decir, hay que trabajar en paralelo con el mismo tipo de células pero no infectadas. O sea, hay que hacer exactamente las mismas operaciones con los mismos productos, en las mismas concentraciones, durante el mismo tiempo, a la misma temperatura, es decir, exactamente en las mismas condiciones técnicas. El resultado ha de ser no hallar nada que coincida con las fotos del virus. Por último, a medida que se va progresando en la investigación, se han de ir publicando sus conclusiones en revistas científicas adecuadas a fin de que lo hecho pueda ser reproducido en otros laboratorios y llegar a los mismos resultados.

Para denunciar que ninguno de estos pasos se ha realizado en el caso del VIH, la revista de supervivientes del SIDA Continuum de Londres ofrece, desde diciembre de 1995, un premio de mil libras esterlinas para quien aporte las pruebas de su existencia. Otras asociaciones, a nivel internacional, se han añadido a esta iniciativa y, en la actualidad, el premio ofrecido es ya superior a los cuatro millones de pesetas. Hasta ahora, nadie ha podido ganar estos premios.

El papel de los medios de comunicación.

Las noticias que sobre el tema del SIDA recibimos de los medios de comunicación mayoritarios no reflejan la pluralidad de enfoques que existe en la comunidad científica, ya que no recogen los datos y análisis que cuestionan la versión oficial. Esta circunstancia pone en primer plano el papel de los medios de comunicación alternativos para liberar al segmento más crítico de la población de confusiones y manipulaciones impulsadas por intereses comerciales y otros.