viernes, 30 de enero de 2009

SIDA & POPPER


NX 77 - abril 2000 - Dr. Ricardo Duranti

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“¿Tenés POPPER?” “¿Usás poppr?” “¿Te molesta si llevo popper?” Estas preguntas, que pueden sonar raras para algunos, son cada vez más frecuentes al pactar encuentros en privado en los chats gays. Incluso, algunos utilizan la palabra popper como nick (seudónimo)

El popper adquiere cada vez más presencia luego de su fugaz paso por Buenos Aires en la primera mitad de los ochenta. Cuando se habla de drogas adictivas, pocos, fuera de la comunidad gay, hablan del popper o siquiera saben qué es. Sin embargo, tiene una historia larga como sustancia de abuso que no es vista como tal dada la enorme permisividad que existe entre los gays.

Muchas drogas se fueron introduciendo a lo largo del tiempo en la comunidad gay. Una de las más baratas y con una historia que parece resurgir con mucha fuerza es el popper. Los poppers se presentan en botellitas que contienen una mezcla líquida de nitritos volátiles que, cuando son inhalados justo antes del orgasmo, parecen prolongar su sensación. Además, facilitan la penetración anal por relajación de los músculos de la zona y disminuyendo la sensación de dolor. Producen, además, un estado de euforia pasajera.

En un principio solo podían obtenerse por prescripción médica, como amyl nitratos, ya que se utilizaban en personas con ciertos problemas cardíacos y fueron desplazados, a principios de los sesenta, por las tabletas de nitroglicerina que no tenían los efectos adversos de la forma inhalatoria.

El laboratorio que producía la forma original inhalatoria, Burroughs Wellcome, que hasta ese momento detentaba la patente y el monopolio de la venta, parecía ir a la quiebra pero providencialmente le surge otro mercado. El ejército americano andaba a la búsqueda de nuevas drogas con las que entretener y anestesiar a sus tropas en Vietnam, por lo que estaba muy interesados en los nitritos inhalatorios que se sumaron a la marihuana, opio, heroína y anfetaminas que los soldados ya consumían. Así, entre mediados de los sesenta y hasta el final de la guerra, las drogas circulaban entre los Estados Unidos y las zonas de combate.

Cuando los soldados volvieron a casa, entre sus adicciones varias trajeron el gusto por los nitritos. Eran legales, baratos y fáciles de llevar, y se vendían sin prescripción médica. Hasta que empezaron a llegar los informes de graves quemaduras en la piel cuando se derramaban, estados de inconciencia, problemas respiratorios y anormalidades en la sangre, los cuales hicieron que la venta de los poppers fuera restringida.

En ese momento, Clifford Hassing, un estudiante de medicina gay, alteró un poco la estructura química de los poppers patentándolo como butyl nitritos.

Pronto, empresas más organizadas, y no del todo legales a veces, se apropiaron del negocio y realizaron más cambios en la molécula del producto obteniendo el isobutyl nitrito, que es menos puro y más tóxico, pero mucho más efectivo que el original.

Con el surgimiento de los espacios urbanos gays post-Stonewall, los grupos gays fueron vistos como el mercado ideal para el nuevo producto. La Food and Drugs Administration, el organismo estadounidense que aprueba la venta de alimentos y drogas, no dijo ni aclaró nada al respecto y se puso en marcha el acuerdo público no escrito: la distribución sería permitida ya que los poppers circulaban etiquetados como desodorantes de ambientes y eran distribuidos sólo en los espacios gays, quienes, estimulados con el abierto apoyo de las principales publicaciones gays, rápidamente lo incorporaron como parte cotidiana de su vida sexual. El popper pasó a ser parte de la subcultura gay durante los setenta y principios de los ochenta. Esto dio pie a un multimillonario negocio que produjo en un solo año más de cincuenta millones de dólares. El popper se asociaba, publicitariamente, con la masculinidad y la potencia sexual. Incluso llegó a editarse un comic cuyo protagonista gay se llamaba popper.

Pocos, dentro de la comunidad gay americana, señalaron los efectos no deseados del nuevo nirvana: daño local de las membranas nasales, anemia, estados de coma, daños cardíacos y pulmonares, daño cerebral, vasoconstricción arterial, colapso cardiovascular, atrofia del timo (órgano vital en la inmunidad) y disminución crónica de linfocitos T, ambos asociados con anomalías inmunitarias.

A principios de los ’80, con los primeros reportes oficiales acerca del sida, algunos investigadores empezaron a asociar el uso del popper con la supresión del sistema inmune que podría tener relación con la alta incidencia del sarcoma de Kaposi entre homosexuales varones y la neumonía por neumocistis.

Finalmente, con el avance de la epidemia del vih, el popper fue retirado de la venta, pero jamás se hizo una campaña seria explicando sus efectos adversos, y su consumo, si bien ilegal, prosperó una vez pasado el pánico inicial de la epidemia y, aun más, cuando empezaron a aparecer tratamientos efectivos para el vih-sida.

Como todo es un ciclo, el laboratorio original del popper, Burroughs Wellcome, es nuevamente famoso por haber desarrollado el AZT.


Goode, E. & R. Troiden, 1979. Amyl Nitrite Use Among Homosexual Men. Am. J. Psychiatry 136:8. Labataille, L., 1975. Amyl Nitrite employed in homosexual relations. Med. Aspects Human Sexuality 9: 122. Shilts, R., 1987. Y la banda siguió tocando.