miércoles, 19 de noviembre de 2008

LA CARTA QUE EL INVENTOR DEL VIH DEBIÓ ESCRIBIR




LA CARTA QUE EL INVENTOR DEL VIH DEBIÓ ESCRIBIR
Carta abierta de Luc Montagnier a la Fundación Nobel

29 de octubre, 2008. Jesús García Blanca.
keffet@gmail.com


ANTECEDENTES: El pasado 6 de octubre una nota de prensa de la Fundación Nobel informaba de que la mitad del Premio Nobel de Medicina 2008 se concedía a la Dra. François Barré-Sinoussi y al Dr. Luc Montagnier por “el descubrimiento del virus de inmunodeficiencia humana”. Puesto que ninguno de los dos ha reunido hasta ahora las fuerzas suficientes para escribir una carta de rechazo del premio, me he visto en la obligación de hacerlo yo en su lugar. Ironías aparte, es importante saber que se están preparando iniciativas a nivel internacional con el objetivo de impedir que este premio se entregue y de abrir un debate definitivo sobre el asunto VIH/SIDA que permita esclarecer la verdad tras 27 años de engaños y manipulaciones .


6 de octubre de 2008.


Apreciados señores:

Acabamos de enterarnos de que esa institución ha decidido concedernos la mitad del Premio Nobel de Medicina 2008 a la Dra. Françoise Barré-Sinoussi y a mí “por el descubrimiento del virus de inmunodeficiencia humana” .

Ante todo, queremos trasladarles nuestro agradecimiento por el honor que nos hacen y decirles que entendemos este galardón como un intento por parte de la Fundación de contribuir a la lucha contra una de las más graves pesadillas de nuestro tiempo: el SIDA. No obstante, en nombre de la Dra. Barré-Sinoussi y en el mío propio debo comunicarles que no vamos a aceptar el premio por las razones que paso a exponerles.

En 1983, el equipo que yo lideraba en el Instituto Pasteur realizó efectivamente los experimentos a los que ustedes se refieren en su nota de prensa , en los cuales detectamos determinadas partículas y actividad de Retrotranscriptasa.

Llevados por nuestro entusiasmo, por el afán de hacer una contribución esperanzadora a tantos enfermos y –debo confesar ahora- por nuestros prejuicios profesionales como Virólogos, quizá nos precipitamos al atribuir esos dos indicios a la actividad de un retrovirus.

No tuvimos en cuenta que desde 1972 se sabe que la Retrotranscriptasa es una enzima que aparece habitualmente en determinados procesos de células normales , por ejemplo si se ven sometidas a situación de stress; y esas eran precisamente las condiciones que nosotros habíamos creado en nuestro laboratorio .

En cuanto a las partículas, es probable que en realidad observáramos “vesículas de transporte”. Existe suficiente literatura científica que documenta la presencia de estas partículas en procesos celulares relacionados también con el stress. Los trabajos de los equipos de Gluschankof y Bess publicados en 1997 confirmaron de alguna manera nuestra distracción. En efecto, lo que obtuvieron los dos equipos tratando de purificar VIH no fueron retrovirus, sino vesículas celulares humanas .

Permítanme señalar en nuestro descargo que cerrábamos nuestro artículo publicado en la revista Science en mayo de 1983 diciendo: “el papel de este virus en la etiología del SIDA queda por determinar” . Hasta donde sabemos, el reto continúa pendiente. En este sentido, yo mismo he venido apuntando desde 1992 la posibilidad de que el stress oxidativo u otros factores podrían incidir en el desarrollo de la enfermedad .

De hecho, tanto Robert Gallo como yo mismo realizamos entre 1985 y 1991 una serie de experimentos de los que se desprendía que el VIH por si mismo no destruye las células T4, que el VIH sumado a agentes oxidantes sí destruye los T4, y que los agentes oxidantes sin el VIH destruyen asimismo los T4. Sin embargo, por una u otra razón, no llegamos a sistematizar estos hallazgos y obtener conclusiones definitivas .

Es muy posible que el desagradable affaire del Dr. Gallo y las complejas consecuencias que tuvo, junto con las presiones de alto nivel político y económico que suscitaron, fueran determinantes a la hora de mantener una causa vírica más allá de lo científicamente recomendable.

No obstante, en 1997, en una entrevista que concedí al periodista francés Djamel Tahí en el Instituto Pasteur, expliqué que “el análisis de las proteínas del virus requiere producción masiva y purificación”. Y reconocí que no habíamos purificado. Ante la insistencia del periodista en precisar nuestros trabajos de 1983, le dije: “Repito, no purificamos”. Y le expliqué que no habíamos publicado microfotografías electrónicas del VIH, porque “incluso después de un esfuerzo de romanos” no habíamos podido ver partículas con “morfología de retrovirus”.

La más elemental ética científica nos impide por tanto aceptar el honor que nos hacen. No obstante, y con el fin de mantener el propósito que entendemos los llevó a tomar esta decisión, es decir, contribuir a la lucha contra un terrible problema de salud, nos permitimos sugerirle que concedan el premio a todos aquellos científicos, médicos, abogados, periodistas y activistas en general que vienen planteando alternativas críticas al problema , y que la parte económica la destinen a sufragar estudios clínicos con los tratamientos que de estas alternativas se derivan.

Sin otro particular, reciban un cordial saludo.


L.M. Md.