martes, 27 de enero de 2009

Stefan Lanka: "El virus del SIDA no existe"



Pertenece a ese grupo de científicos que abogan por una revisión total de la hipótesis oficial del SIDA. Pero el virólogo alemán va aún más lejos al afirmar que el virus VIH, supuesto responsable de la enfermedad, sencillamente no existe, afirmación cuando menos discutible y poco compartida por la mayoría de sus colegas -incluidos el más de un centenar de investigadores disidentes de la hipótesis ortodoxa-. En cualquier caso, sus demás afirmaciones merecen ser tenidas muy en cuenta. De ahí que MÁS ALLÁ DE LA CIENCIA decidiera entrevistarle.

Alfonso Serra Gallego.

Biólogo y virólogo por la Universidad de Konstanz, en Alemania, Stefan Lanka fue el primer científico que ha conseguido aislar un virus de un alga eucarótica marina -el Ectocapus Siliculosus Virus, también llamado ESV-; y, sin embargo, no sería tal hallazgo el que le hiciera popular, sino la adopción de una postura claramente enfrentada a la oficial en torno al Síndrome de Inmunodeficiencia Humana o SIDA. Y ello porque, para este biólogo alemán, el virus del SIDA -el famoso VIH- sencillamente no existe. Una hipótesis cuando menos discutible y poco compartida por la mayoría de sus colegas. Y es que no sólo los científicos que apoyan la versión oficial de que el VIH provoca SIDA difieren de él, sino que incluso el más de un centenar de investigadores disidentes de la hipótesis ortodoxa tampoco coinciden con algunas de sus apreciaciones, arriesgadas y polémicas.

En este sentido, cabe recordar que la mayoría de los científicos escépticos o contrarios a la versión oficial -encuadrados en el llamado Grupo por la Reevaluación Científica de la Hipótesis VIH=SIDA-, consideran que el supuesto virus VIH no es el responsable de provocar el síndrome de inmunodeficiencia humana, pero no cuestionan su existencia, como sí hace el doctor Lanka

En cualquier caso, MÁS ALLÁ DE LA CIENCIA consideró conveniente saber algo más sobre las teorías de este virólogo, asistiendo a la conferencia y posterior rueda de prensa que éste ofreció durante su última visita a Barcelona, realizada con el objetivo de organizar un curso y dar a conocer en nuestro país su particular conclusión de que el VIH es una ficción y no el devastador agente biológico que la clase médica y la mayoría de los medios de comunicación han hecho creer. Estas son algunas de las confesiones de este virólogo rebelde.

EL ESTRÉS DE LAS CÉLULAS

Usted sostiene, en contra de la opinión de la mayoría de sus colegas, que no se ha descubierto hasta la fecha ningún virus llamado VIH. ¿En qué se basa para realizar esta afirmación?

En 1970 se comprobó una actividad enzimática nueva que rompió el dogma central de la genética molecular: cuando el ADN se transcribía a la sustancia mensajera del ARN y ésta hacía lo mismo en la proteína, la actividad subsiguiente transformaba el ARN nuevamente en ADN. Pues bien, los científicos de la época creyeron haber descubierto la explicación del cáncer y una manera de localizar virus nuevos. Sin embargo, 6 ó 7 años después otros científicos demostraron que esa actividad era normal en las células de cualquier ser vivo y la denominaron transcriptasa inversa. Hoy en día, ciertos virólogos afirman que si hay transcriptasa inversa es porque existen virus, contradiciendo esa ley universal acordada en 1976. Y aquí pretenden demostrar la existencia del VIH, cuando en realidad se trata de un proceso natural del organismo de cualquier especie viva.

¿Cómo es posible, en ese caso, que los test del VIH arrojen en algunas personas resultados positivos y en otras negativos?

Esas pruebas detectan los anticuerpos que se han formado frente a las proteínas, anticuerpos que son el resultado del estrés de las células. Por tanto, si una persona está estresada puede dar positivo. En ese caso, aconsejo repetir la prueba cuando el individuo se haya estabilizado anímica y físicamente; y comprobará que el test sale negativo.

Si aceptamos la validez de su hipótesis, ¿qué factores influirían entonces para desencadenar un típico caso de SIDA?

Sobre todo, los tratamientos médicos oficiales de los que hemos abusado y que son muy nocivos. Hay muchos organismos que han sido deñados en el pasado con el abuso de antibióticos tan perjudiciales para la salud como las sulfonamidas, que actúan contra las bacterias y las mitocondrias, células que son los centros de oxígeno del organismo y se destruyen con tales medicamentos. Además, dichos fármacos fueron administrados por los médicos durante períodos de un año cuando la prescripción recomendaba que no se utilizaran más allá de 6 o 7 días. Precisamente el de los homosexuales fue el sector de la sociedad que más consumió estos fármacos, debido a las infecciones que contraían por una vida excesivamente promiscua.

No obstante, hay personas con síntomas terminales de SIDA que no han consumido esos medicamentos.

Es cierto, pero también hay que decir que la mayoría de ellas sufren alguna de las 32 enfermedades que se relacionan con el SIDA y que ya mataban antes de la «invención» de éste. Los médicos oficialistas consideran que el VIH destroza el sistema inmunitario, una de las muchas hipótesis falsas vinculadas al SIDA, y por eso afirman, por ejemplo, que los cánceres que aparecen en esos enfermos se deben a ese modo de actuar del VIH; incluso se atreven a hablar de un cáncer exclusivo para homosexuales. Y es que cada vez que añaden una nueva enfermedad al síndrome se hace con la intención de aumentar los casos de SIDA. ¿Es eso científico? Es más: ¿es ético?

UNA NUEVA GENERACIÓN DE FÁRMACOS

MÁS ALLÁ DE LA CIENCIA viene denunciando desde hace años no sólo la inutilidad del AZT, sino sus tremendos efectos yatrogénicos en quienes lo consumen. Y hemos dicho hasta la saciedad que todo esto es un vergonzoso negocio del que han sido cómplices necesarios -aunque se escuden en su ignorancia- muchos médicos. ¿Está de acuerdo?

Decía el doctor Peter Duesberg, un prestigioso biólogo molecular de la Universidad de Berkeley (California), que el AZT era el SIDA recetado. Yo estoy de acuerdo con su apreciación. El AZT nació para ser utilizado contra el cáncer, pero se vetó su difusión sanitaria en la década de los años sesenta a raíz de comprobarse su letal toxicidad. Ahora se receta a miles de personas del mundo entero para gozo de la multinacional Wellcome, respaldada además por los más importantes organismos internacionales de salud pública. ¿Efectos yatrogénicos? Entre otras cosas, el AZT impide la división celular, especialmente de aquellas células que más rápidamente se dividen, como las sanguíneas, las seminales y las de las mucosas intestinales. Así que no es extraño comprobar en qué estado tan lamentable se encuentran todos los que han ingerido durante largo tiempo un tratamiento tan tóxico.

Ahora ha aparecido otra nueva generación de fármacos que actúan sobre las proteasas y de los que se dice no producen esa clase de efectos secundarios. ¿Qué opina al respecto?

Reconozco que no son tan tóxicos como el AZT, pero ya se empiezan a conocer sus efectos secundarios como náuseas, vómitos u hormigueos, síntomas, por cierto, que se esconden a la sociedad. Por otro lado, no conviene olvidar que estos nuevos medicamentos son inhibidores de la protesas, algo que resulta cuando menos peligroso, ya que las proteasas son enzimas cuya función es dividir las proteínas, por ejemplo, durante la digestión, y sin ellas los aminoácidos no pueden ser absorbidos por los intestinos ni reorganizados nuevamente por las células para formar otras proteínas, insulina o fibras musculares. Además, aquí nos volvemos a encontrar con el negocio económico que mueven las multinacionales farmacéuticas en torno al SIDA. Se calcula que un tratamiento de este tipo cuesta 40.000 dólares anuales más 20.000 dólares en consultas médicas y test de anticuerpos -más de siete millones de pesetas, pues, en total. De hecho, el presidente norteamiericano Bill Clinton ha tenido que pedir 52 millones de dólares -unos 6.300 millones de pesetas- de presupuesto extra para sufragar estos medicamentos, con la lógica alegría de laboratorios como Merck y Abbot.

¿Realmente debemos creer que hasta los gobiernos están involucrados en lo que para usted es una enfermedad inventada?

No hay duda de que los responsables sanitarios de los respectivos ministerios de Salud Pública no desconocen la verdad sobre el SIDA, como también sucede con muchos científicos. Pero existen demasiados intereses en juego.

SANGRE CONTAMINADA: ¿DONDE ESTÁ EL «CUERPO DEL DELITO»?

¿Podría resumirnos brevemente los puntos clave del juicio por «la sangre contaminada» de Gottingen?

En Alemania se acusa de asesinato a personas relacionadas con transfusiones de sangre supuestamente contaminada por el VIH. Pues bien, mi planteamiento es el siguiente: me ofrezco ante el tribunal escogido a declarar -bajo juramento- que el VIH no existe y reto a cualquier otro científico a que demuestre la existencia del virus. Si yo tuviera razón, el juicio sería ilegal ante la evidente falta del «cuerpo del delito». En realidad, el juicio es una cuestión política, ya que la presidenta del Parlamento alemán, Rita Susumud, es a la sazón científica y responsable del SIDA en Alemania. En mi opinión, es un proceso judicial que intenta consolidar definitivamente el mito de la versión oficial del SIDA. SI esto llegara a la prensa internacional, si se supiese cómo actúa el modelo judicial alemán, considerado tan democrático y perfecto, tal vez lográramos romper el entramado creado conscientemente en torno a lo que es un negocio más que una enfermedad.

¿Ha aceptado el Tribunal su ofrecimiento?

Hasta ahora lo han ignorado; sin embargo, creo que al final no podrán escabullirse ante mi insistencia.

¿No tiene miedo a posibles represalias?

No, la gente que tiene poder es demasiado arrogante como para sentirse amenazada. Pero sí he recibido presiones de otro tipo. Por ejemplo, me robaron el coche y lo encontré totalmente quemado; y además me amenazaron académicamente con denegarme el doctorado si difundía mis hipótesis...

RECOMENDACIONES PARA LOS ENFERMOS

¿Qué terapia recomendaría usted a las personas con graves deficiencias en su sistema inmunitario?

Si es seropositiva y piensa que lleva una sentencia de muerte encima, lo más importante es convencerla de que no está enferma y cambiar su actitud. El componente psicológico es fundamental. Cuando un médico de hospital regido por la versión oficial dicta la sentencia fatal a su paciente, eso repercute gravemente en el sistema inmunitario. Hay personas que han engordado sensiblemente tras haber dado negativo en un segundo control, lo que debería hacernos pensar. Pero si una persona ya está enferma y con graves desarreglos en su sistema inmunitario, lo primero es encontrar las causas que le han llevado a este estado, desintoxicarla y empezar la curación a partir de ahí. En principio, ningún medicamento es especialmente eficaz a la hora de hacer subir las defensas del organismo. No obstante, hay que insistir en una vida natural. Por ejemplo, es primordial tener una buena digestión y estar mineralizado e hidratado convenientemente, para así equilibrar el organismo falto de estos componentes. Conozco un excelente producto tibetano que se comercializa en Suiza y que recomiendo para estas ocasiones: CATMA-28. Además, es fundamental acudir simepre a un médico experimentado que, al menos, no crea en la versión oficial de que el VIH es la única causa del SIDA.

¿Tiene alguna explicación para lo que ocurre en África con el SIDA?

Desde el Congreso de Bangui, celebrado en 1985, el SIDA en África se diagnostica, por falta de dinero, aplicando la «definición de Bangui»; es decir, si un africano sufre durante un mes diarrea, tos y fiebre, ya tiene SIDA. El problema es que esos son síntomas comunes a muchas de las enfermedades endémicas de ese continente. Por otro lado la UNO tiene un plan denominado «SIDA y África», que cuenta con 1.300 millones de dólares de presupuesto -unos 160.000 millones de pesetas-, en el que se desarrollarán tres puntos principales: aborto a todas las mujeres africanas que supuestamente tienen SIDA; esterilización de las que se piense puedan ser portadoras del VIH y, por último, AZT para recetarlo indiscriminadamente en la población africana que posea alguno de los síntomas ya mencionados. Treinta millones de africanos son potencialmente «usuarios» de este plan, que para mí no es sino una nueva arma de control demográfico.

En su opinión, ¿qué hace falta para que las versiones de los disidentes sean más divulgadas?

Hay que presionar a los responsables políticos y científicos que defienden la hipótesis oficial; hay que obligarles, en suma, a que revelen una verdad ocultada impunemente. En los años sesenta surgió un grupo llamado «Marcha a través de las instituciones», que intentó esto mismo que propongo, aunque no prosperó por corrupción de sus dirigentes.

¿No teme que eso mismo pueda ocurrir ahora?

En este momento somos pocos los que diferimos de la hipótesis oficial, una minoría que trata de llegar a otras minorías que considero inteligentes, analíticas y que tienen su peso específico e influencia social. Con la ayuda de científicos de prestigio como el Grupo por la Reevaluación Científica de la Hipótesis VIH=SIDA, y otros investigadores críticos que puedan añadirse, quizá obtengamos el premio de acabar con este mal sueño.

¿Es eso el SIDA? ¿Sólo un mal sueño?

El SIDA, entre otras cosas, es un error gravísimo de la Medicina y la Biología modernas que hay que superar y que ojalá sirva como ejemplo para nuestro propio proceso evolutivo. Diez mil científicos investigan hoy sobre un virus inexistente y la inteligencia de tantas personas no puede perderse en ese invento para que otros hagan sus particulares negocios con el SIDA. Mi labor está dirigida por la esperanza de que algún día se sepa la verdad, sea ésta cual sea.

lunes, 26 de enero de 2009

Nuevas dudas sobre la infección del SIDA al declararse los test al VIH no válidos.



SELECCION DE ARTICULOS DEL SUNDAY TIMES.
Traducción: Francisco Javier Manero Vargas.

Neville Hodgkinson.
Corresponsal científico del Sunday Times.

La «prueba del SIDA» es científicamente inválida e incapaz de determinar cuándo las personas están realmente infectadas por el VIH, de acuerdo con un nuevo informe de un equipo de científicos australianos que han realizado la primera revisión extensiva de investigación concerniente a los test.

Los doctores deberían pensar de nuevo acerca de su uso, dicen los autores: «Un estatus positivo tiene implicaciones tan profundas que a nadie debería exigírsele soportar esa carga sin garantía sólidas de la veracidad de los test y su interpretación», concluyen.

Los descubrimientos, cercanos a causar un intenso debate en la fraternidad médica y angustia para muchas personas VIH-positivas, están contenidos en un artículo publicado por el respetado periódico científico Biotechnology1.

Muchas personas que parecen estar infectadas por el VIH, dicen los investigadores, pueden padecer de otras afecciones tales como malaria o malnutrición que producen un resultado positivo en el test. Incluso los accesos de gripe pueden producir el mismo efecto. Como resultado, las predicciones de la Organización Mundial de la Salud (OMS) de que millones de personas están destinados a morir debido a que son VIH-positivos pueden ser radicalmente inexactas.

El artículo :
¿Es un Western Blott positivo prueba de infección por VIH? E. Papadopoulos, V.F. Turner, J.M Papadimitriou.
Biotechnology (1993)
también añade apoyos poderosos a la teoría, mantenida por un número creciente de científicos, de que el VIH no es la causa del SIDA. Una de sus autores, Eleni Eleopulos, una biofísica del Royal Perth Hospital2 dijo: «No hay pruebas de que la gente etiquetada como «VIH-positiva» esté infectada con tal retrovirus. Debemos cuestionar realmente el papel del «VIH» en la causación del SIDA».


En cualquier caso, los descubrimientos «implican que los test no han sido evaluados científicamente», dijo.

Los autores dicen que ninguno de los dos principales test del VIH utilizados han sido adecuadamente controlados en su precisión. Estos test confían en detectar anticuerpos del VIH en las muestras de sangre. Sin embargo, las personas cuyos sistemas inmunitarios han sido activados por varias otras afecciones, incluidas la tuberculosis y esclerosis múltiple, pueden desencadenar la misma reacción, dando un resultado de falso-positivo.

Los homosexuales masculinos promiscuos, los usuarios de drogas ilícitas, los receptores de múltiples transfusiones sanguíneas -tales como los hemofílicos- y personas sometidas a múltiples infecciones se convierten de modo creciente en los responsables de dar un resultado positivo en la medida que sus sistemas inmunitarios están debilitados, independientemente del VIH.

Para tener confianza en un test de anticuerpos, debe primero ser validado habiendo confrontado sus resultados contra un «patrón oro», es decir, el aislamiento del virus en sí mismo. Sin embargo, ésto jamás se ha hecho con el test del SIDA.

El informe añade que el procedimiento usado para confirmar la validez de los test diagnósticos, mediante la búsqueda del material genético del virus3, ha demostrado también producir falsos resultados y no puede ser considerado como sinónimo del aislamiento del virus.



Los test del SIDA buscan la detección de una proteína llamada p24, considerada generalmente como el equivalente al aislamiento del virus. Sin embargo, se ha detectado también en otros desordenes del sistema inmunitario: en uno de cada 150 individuos sanos, en un 13% de personas con verrugas -una condición que indica una debilidad del sistema inmunitario- y en un 41% de pacientes con esclerosis múltiple.

Fuertes exposiciones al esperma pueden también establecer una reacción a anticuerpos, especialmente cuando ha penetrado en el cuerpo por vía anal. Es otra probable fuente de falsos-positivos.

La OMS, que está solicitando dos billones de libras extras para su programa de prevención del SIDA, estima que alrededor de 14 millones de personas han sido infectadas por el VIH en el mundo. Aduce que el total alcanzará los 30-40 millones en el año 2.000 y la mayoría contraerá eventualmente el SIDA.

Se dice que los países en desarrollo presentan la mayor amenaza, con sólo en África teniendo ya estimados 8 millones de infectados por VIH. Sin embargo, de acuerdo con el informe de BioTechnology, éstos son los países donde los test pueden ser más irreales debido a la generalización de la mala salud causada por otras enfermedades.

La malnutrición severa y las infecciones múltiples son especialmente favorables en producir un resultado erróneo en el test.

Las aseveraciones de que los test actuales del SIDA son correctos al 100% están basadas en estudios sobre sujetos sanos.

Eleopulos dijo que el informe, que se ha sometido a un detallado examen por otros expertos, se centra en las deficiencias de uno de los dos tipos de «test del SIDA» conocido como el «Western Blott», generalmente considerado como el más definitivo de los dos.

Sin embargo, ella dijo que las dudas eran si cabe mayores sobre la validez del otro test, llamado Elisa. Este es habitualmente usado en primer lugar4 pero es ampliamente manifiesto que conlleva un alto riesgo de falsos-positivos.

Las pruebas con Elisa, en Rusia en 1991, produjeron 30.000 test positivos, de los cuales sólo 66 fueron confirmados usando el Western Blott.

En los Estados Unidos, un estudio sobre aspirantes a la marina produjo 6.000 individuos con un positivo inicial pero un subsecuente test Elisa negativo.

El Dr. Philip Mortimer, de la división de referencia en virus del Britain's Public Health Laboratory Service, aceptó la semana pasada que se habían hecho algunas justas objecciones sobre las debilidades del Western Blott y arrojó declaraciones de que el Elisa era aún peor. Mantuvo que la situación descrita en el artículo no era típica de ese país, donde hay menos confianza en el Western Blott.

Un test positivo inicial iría seguido por una combinación de muchos test Elisa, incluso a veces algún Western Blott, y test de un espécimen de seguimiento, dijo Mortimer. «Sólo si se confirman las reacciones positivas de ambos especímenes, normalmente en un laboratorio de referencia, se tramita un informe positivo». Piensa que no existen evidencias de que se haya dicho falsamente a personas en Gran Bretaña que fueran VIH-positivos.

Estos descubrimientos han sido aprobados por el Profesor Peter Duesberg, un virólogo americano puntero, que mantiene que el VIH no es la causa del SIDA.

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REBECCA CULSHAW, DESMENTIR EL VIH/SIDA DESDE LAS MATEMATICAS

Rebecca Culshaw ¿POR QUÉ ABANDONÉ LA TEORÍA DEL VIH COMO CAUSA DEL SIDA?

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Un artículo de la investigadora científica Rebecca Culshaw, que invita a reflexionar sobre el colosal negocio de las multinacionales farmacéuticas

inSurGente.- Tras diez años proyectando modelos matemáticos sobre la teoría del VIH como causa de la llamada enfermedad del SIDA Rebecca Culshaw decidió hacer frente a sus propias convicciones y escribió un artículo titulado ¿Por qué abandoné la teoría del VIH como causa del SIDA? En él, desde su experiencia como investigadora del más alto nivel, afirma: "Existen evidencias suficientes para sostener que toda la base de esa teoría está equivocada. El SIDA no es una enfermedad tanto como una estructura sociopolítica que pocas personas entienden y aún menos se cuestionan. El problema de la causa parece estar fuera de toda duda e incluso plantearlo se juzga irresponsable… pero las hipótesis en ciencia merecen ser estudiadas y ninguna debe aceptarse antes de que sea probada; especialmente cuando su aceptación ciega tiene horribles consecuencias".

DiscoverySalud/ inSurGente.- Han pasado veinte años desde que se nos dijo que un retrovirus bautizado como VIH (Virus de la Inmunodeficiencia Humana) causa una enfermedad llamada Síndrome de Inmunodeficiencia Adquirida (SIDA) caracterizada porque la persona infectada se queda prácticamente sin defensas y expuesta a adquirir fácilmente cualquier dolencia que alguien sano superaría sin problemas pero a ella puede causarle la muerte. Y lo cierto es que a pesar del tiempo trascurrido los ciudadanos de a pie saben poco más de lo que se les contó en un principio. Eso sí, las autoridades sacuden cada cierto tiempo nuestra conciencia con cifras alarmantes y con la vaporosa promesa de una vacuna que nunca llega a pesar de los miles de millones de euros invertidos en su búsqueda. ¿En la dirección correcta? Al menos en la dirección científica y oficialmente aceptada. ¿La única? Evidentemente no porque un amplio grupo de científicos discrepa de las teorías oficiales. Algunos de ellos eran considerados investigadores de primera línea y gozaban de un gran prestigio... hasta que se atrevieron a disentir de la teoría oficial del VIH como causa del SIDA. Obviamente, como sucede siempre en estos casos, sus argumentos se ocultan y no ocupan una sola línea ni en los medios de comunicación convencionales ni en las grandes revistas científicas.

Podríamos decir que la postura oficial es la representada por John P. Moore, un científico que se encuentra especialmente cómodo escribiendo contra los que disienten de sus opiniones y que ha llegado a afirmar: "Me extenderé muy poco sobre por qué no encuentro apropiado debatir con quienes niegan el VIH y se definen como científicos o se autoproclaman como tales. La principal razón es que no hay nada que debatir. La segunda es que no hay nadie con quién debatir. Uno sólo debería debatir de ciencia con científicos creíbles y ningún científico creíble discutiría el VIH como causa del SIDA". Moore se negaba así a debatir recientemente con Harvey Bialy investigador con más de 30 años de experiencia en Biología Molecular, editor durante 14 años de una de las publicaciones más importantes de Biotecnología y miembro del mismo club de disidentes que los premios Nobel Kary Mullis y Walter Gilbert así como el prestigioso miembro de la Academia de las Ciencias de Estados Unidos Peter Duesberg. Y como Moore, tantos como puedan ustedes imaginarse.

Ahora bien, ¿todos quienes disienten de la explicación oficial opinan lo mismo? No. Algunos niegan que el VIH exista. Otros, en cambio, admiten su existencia pero niegan que sea responsable de lo que se conoce como SIDA. Pero en lo que sí coinciden todos los disidentes es en el carácter dañino de los antirretrovirales. Lo que sucede es que ni unos ni otros tienen demasiada oportunidad de explicarse. Lo que no está evitando que nuevos miembros de la comunidad científica -en un goteo constante- vayan abandonando el privilegiado club de la oficialidad para unirse a las filas de los disidentes. Unos lo hacen en silencio, otros se ven envueltos -por deseo propio o por las circunstancias- en algo más de ruido. Fue el caso de Mark Pierpont. Nombrado coordinador del Programa de Prevención sobre el VIH/SIDA en Florida (EEUU) a los pocos meses de ejercer su cargo -en junio del 99- redactó su carta de dimisión en la que, entre otras cosas, afirmaba: "Tras una cuidadosa investigación está lamentablemente claro que ha existido un cisma en la investigación sobre el SIDA desde el políticamente cargado anuncio del Dr. Robert Gallo al mundo de que el VIH es la probable causa del SIDA (1984). Desgraciadamente sólo una parte de los datos científicos han sido puestos al alcance del público. Parte que es, con mucho, la más poderosa y respaldada por los depósitos financieros de las agencias del Gobierno Federal como los CDC y los NIH que financian la mayoría de las campañas de información y de los programas de investigación. Esta ciencia dominante es promocionada e incluso manipulada por los gigantes farmacéuticos que tienen un motivo obvio de beneficio. El sistema de Salud Pública y las compañías farmacéuticas son la principal fuente de información sobre el SIDA para los proveedores de cuidados de salud y limitan su información a tan sólo una parte del debate científico ignorando e, incluso, suprimiendo la investigación científica contraria. Ayudado por unos medios de comunicación complacientes el Servicio de Salud Pública ha hecho todo para silenciar las opiniones científicas contrarias y, en consecuencia, ha negado a la población su fundamental derecho a un consentimiento informado. Por la presente retiro mi participación de lo que un día puede ser visto como la mayor violación del Principio de Consentimiento Informado en la historia de la Salud Pública. Muy sinceramente. Mark Pierpont". Y claro, cabe preguntarse por qué personas que lo tienen todo van a tirar por la borda su carrera profesional y su prestigio a cambio de nada... salvo que sea por ética y por la convicción personal de defender la verdad.

Bueno, pues ahora le ha tocado el turno a Rebecca Culshaw, bióloga matemática. Su artículo, escrito en la primavera de este año 2006 -y por tanto con todos los datos actualizados-, nos permite conocer un poco mejor el lado oscuro del binomio VIH-SIDA

DE MODELAR EL VIH A RECHAZARLO

Culshaw no ha sido galardonada con el Nobel -ni probablemente lo sea ya- pero los diez últimos años de su vida ha vivido inmersa en el paradigma oficial del VIH = SIDA. Su trabajo ha venido siendo crear modelos matemáticos de la infección, un campo en el que entró en 1996. Sola o en equipo tiene, incluso, trabajos publicados al respecto: "Comparison of optimal treatments for HIV", "Review of HIV Models: The role of the natural immune response and implications for treatment", "Optimal HIV Treatment by maximizing immune response", y algún otro más. Bueno, pues su conclusión final hoy es que la visión oficial es falsa. "Durante este tiempo -afirma- he llegado finalmente a comprender que hay suficientes evidencias que permiten sostener que toda la base de esta teoría está equivocada. El SIDA, no es, según parece, tanto una enfermedad como una estructura sociopolítica que pocas personas entienden y aún menos se cuestionan. El problema de la causa parece estar fuera de toda duda e incluso plantearlo se juzga irresponsable".

Sus razones científicas las ha dejado plasmadas en un artículo titulado Por qué abandoné la hipótesis del VIH-SIDA cuya versión original puede encontrar el lector en http://www.lewrockwell.com/orig7/culshaw1.html. En él recoge las mismas incertidumbres que comparten otros muchos investigadores y aporta argumentos para el debate que quizás no sean suficientemente conocidos y que merecen el respeto al menos de ser tenidos en cuenta en un debate en profundidad. Por ejemplo, ¿sabía usted que no todos los que tienen el VIH acaban padeciendo SIDA? Probablemente sí, pero, ¿sabía que hay quien tiene el SIDA y no tiene el VIH? ¿O que puede ser usted seropositivo en Gibraltar y no en Málaga? Pues sobre estas realidades habla la particular versión de Yo confieso de Rebecca Culshaw, una carta sincera y clara en su argumentación dirigida al corazón de la comunidad ortodoxa y de todos aquellos que experimentan a diario la duda en las convicciones aceptadas: "¿Por qué nosotros como sociedad hemos aceptado tan rápido una teoría para la que existen tan pocas evidencias sólidas? ¿Por qué tomamos las proclamas de las instituciones gubernamentales como el NIH y el CDC, vía portavoces y organizadores, como muestras de fe? El ciudadano medio no tiene ni idea de cuan débil es la conexión que realmente existe entre VIH y SIDA siendo por eso que frases tan insostenibles como 'el virus del SIDA' o 'la prueba del SIDA' se han vuelto parte de la lengua vernácula común a pesar de que no hay ninguna evidencia de su exactitud."

POR QUÉ ABANDONÉ LA TEORÍA DEL VIH COMO CAUSA DEL SIDA

Culhaw comienza recordando en su escrito de marzo de este año el impacto que causó en la sociedad norteamericana la irrupción de la enfermedad: "Cuando se anunció en 1984 que la causa del SIDA había sido hallada en un retrovirus que llegó a ser conocido como VIH se creó una gran sensación de pánico. Mi propia familia se vio inmediatamente afectada por ese pánico puesto que mi madre había sufrido varias transfusiones de sangre a comienzos de los 80 como resultado de tres abortos. En los primeros días temimos que nos picaran los mosquitos, temimos besarnos y hasta sentarnos en los retretes públicos. Aún puedo recordar el pánico que sentí cuando después de entrar en un baño público leí un graffiti que decía '¿No tienes el SIDA todavía? siéntate en este retrete'".
Sólo tenía diez años y con el tiempo el pánico se redujo a un murmullo. El miedo a ir al baño o al dentista fue reemplazado por una cautela más realista a la hora de practicar el sexo con desconocidos. Más tarde llegaría la traumática experiencia de someterse a los 21 años a la prueba del SIDA por un exceso de preocupación. "Me pasé dos semanas esperando los resultados convencida de que me moriría pronto y de que sería 'todo por mi culpa'". Y eso lo pensaba Cushaw a pesar de no ser drogadicta ni promiscua. Era el miedo. Como era lógico, el resultado fue negativo.

Tiempo después llegaría su dedicación a la Biología Matemática y de ahí ¡a los modelos matemáticos de la infección del VIH y la respuesta inmunológica! "Como matemática encontré que virtualmente cada modelo que estudiaba era poco realista. Las asunciones biológicas en que los modelos estaban basados variaban de autor a autor y eso no tenía ningún sentido para mí". Diez años trabajando día y noche en torno al VIH. Todo ello para al final rendirse a las evidencias o a los argumentos que ella considera como tales. Diez años para contestar en voz alta la pregunta más importante de su vida. "Así que ¿por qué ahora y sólo ahora he decidido que ya es bastante y no puedo por más tiempo continuar apoyando el paradigma sobre el cual mi carrera entera se ha construido?"

Culhaw describe su experiencia personal que, por supuesto, no es única: "El SIDA hoy tiene poco o ningún parecido con el síndrome para el que fue nombrado. En primer lugar la definición ha sido cambiada por el CDC varias veces extendiéndose para incluir más enfermedades (todas las cuales existían desde mucho antes del SIDA) y a veces a ninguna enfermedad en absoluto. Más de la mitad de todos los diagnósticos de SIDA en los últimos años en Estados Unidos han sido hechos en base a una cuenta de las células T y a una 'confirmada' prueba de anticuerpos positiva. En otras palabras, una enfermedad mortal ha sido diagnosticada una y otra vez en ausencia total de enfermedad clínica".

Todo comienza pues en el diagnóstico. Neville Hodgkinson, un periodista británico, sostiene en su artículo Sida: una catástrofe ¿viral o científica? lo siguiente: "La teoría del VIH como causa del SIDA ha cubierto ciertas necesidades de salud social y pública pero la comunidad científica no ha reconocido los serios fallos que existen en ella y en la práctica médica derivada de la misma; en particular su fracaso para validar la prueba de 'diagnóstico del VIH' con el aislamiento del virus. Se pueden haber interpretado mal signos genéticos y químicos producidos por las células inmunes caotizadas como evidencia de la presencia de un virus letal".

De hecho no existe un modelo unificado que explique el mecanismo biológico real del VIH. "La razón por la que no había ningún acuerdo general matemático acerca de cómo el VIH mata a las células T -explica Cushaw en este punto- era porque no había ningún acuerdo general biológico. Y no lo hay todavía. El VIH es posiblemente el microorganismo más estudiado de la historia -ciertamente es al que más fondos se han dedicado- a pesar de lo cual no hay todavía ningún acuerdo sobre el mecanismo de patogénesis. Peor que eso: no hay ningún dato para apoyar la hipótesis de que el VIH mata las células T en absoluto. No lo hace en el tubo de ensayo. Él, básicamente, sólo se asienta allí como hace en las personas... si es que llega a encontrarse. En 1984 Robert Gallo afirmó que había 'probado' que el VIH causa SIDA. Sin embargo, el actual VIH puede ser encontrado sólo en 26 de cada 72 pacientes de SIDA. Hasta la fecha el VIH permanece siendo un blanco huidizo en aquellas personas diagnosticadas con SIDA o simplemente seropositivos".

Es la doble cara del SIDA. Por un lado la pública, donde todo parece seguro, conocido y controlado por las autoridades. Sin embargo existe una realidad que se oculta. Liam Scheff, otro periodista investigador en temas de salud que lleva años dedicado a estudiar el tema del SIDA, ha escrito en La cara oculta del SIDA: "Cuando se pasa de los titulares te dirán, imperturbablemente, que las pruebas del VIH no están estandarizadas, que se interpretan arbitrariamente, que no se requiere tener VIH para padecer SIDA y, finalmente, que el término VIH no describe una sola entidad sino una colección de material celular no-específico de reacciones cruzadas".

Pero, ¡bueno! ¿Acaso no está montado todo el edificio de la atención farmacológica sobre los tests y las pruebas diagnósticas? ¿Cuántas vidas se habrán destrozado entonces en el caso del SIDA por presentar como definitivos unos resultados que varían de un lugar a otro y además dependen de quien los interpreta?

"Acerca de las pruebas realizadas para medir la llamada 'carga viral' -escribe Cushaw- la mayoría de las personas no es consciente de que ni son pruebas autorizadas para medir la carga viral ni están recomendadas por la FDA para diagnosticar la infección de VIH. Ello es así porque un 'test' del SIDA no es sino una prueba de anticuerpos. Se usa carga viral, sin embargo, para estimar el estado de salud de aquéllos diagnosticados como VIH-positivos. Pero hay muy buenas razones para creer que no funciona en absoluto. La carga viral usa el PCR o una técnica llamada amplificación de ADN (bDNA). El PCR es la misma técnica usada para recoger el ADN de las huellas dactilares en las escenas de un crimen. El PCR fabrica en serie ADN o ARN, esencialmente para que pueda verse. Si algo tiene que ser fabricado en serie para incluso ser visto y el resultado de esa fabricación en serie se usa para estimar qué cantidad de patógeno hay en el organismo eso podría llevar a una persona a preguntarse cómo de relevante era el patógeno en un principio. Específicamente, ¿cómo pudo algo tan difícil de encontrarse, incluso usando la tecnología más sensible y sofisticada, diezmar completamente el sistema inmune? El bDNA, mientras, no amplifica nada como en el caso de la PCR, sólo busca los fragmentos de ADN que se creen son componentes del genoma de VIH pero eso no está probado. No hay ninguna evidencia que permita sostener que esos fragmentos no puedan existir en otras secuencias genéticas no relacionadas con el VIH o con cualquier otro virus. Es importante en este punto señalar que la carga viral a estas alturas, como las pruebas de anticuerpo, nunca han sido contrastadas con la norma de oro del aislamiento del VIH. El bDNA usa el PCR como norma de oro o verificación, el PCR usa pruebas de anticuerpo como norma de oro y las pruebas del anticuerpo no usan nada. Ninguna usa el propio virus VIH como contraste de confirmación".

Es más, el mismísimo premio Nobel Kary Mullis, inventor de la PCR, ha afirmado públicamente que es imposible que su técnica sirva para poder decirle a alguien que es portador del VIH. Llegando a afirmar que habría renunciado al Nobel de haber sabido el uso que se le iba a dar a su invención. De hecho, en el prólogo que escribió al libro de Peter Duesberg, afirma: "Ni Duesberg ni yo podemos entender cómo ha surgido esta locura (...) Sabemos que errar es humano pero la hipótesis VIH/SIDA es un error diabólico". ¿Y qué decir de los tests? "Hay una buena razón -señala Cushaw- para creer que las pruebas de anticuerpos tampoco son fiables. Los dos tipos de pruebas rutinariamente usados son el ELISA y el Western Blot (WB). El protocolo de comprobación actual es verificar un ELISA positivo con el Western Blot, 'más específico' (test que, sin embargo, está prohibido actualmente en Gran Bretaña por inestable). Pero pocas personas saben que el criterio para un Western Blot positivo varía de país a país e, incluso, de laboratorio a laboratorio. Dicho bruscamente, el estado VIH de una persona podría cambiar dependiendo del lugar donde se realice la comprobación".

Aunque lo más grotesco de todo es que ni los propios laboratorios fabricantes de tales tests osan afirmar que sirven para decidir si alguien tiene el VIH. De hecho los fabricantes del ELISA han llegado a declarar: "Actualmente no existe un estándar reconocido para establecer la presencia o ausencia del anticuerpo VIH-1 en la sangre humana. Por tanto la sensibilidad se ha determinado a partir de diagnósticos clínicos de SIDA y la especificidad se ha establecido en base a donantes aleatorios".

Otra científico disidente, la doctora Eleni Papadopulos, expuso en la XI Conferencia Internacional del SIDA en Ginebra tras una década de investigación su convicción de que el VIH no ha sido aislado y por tanto no puede disponerse de elementos para fabricar tests de anticuerpos, realizar mediciones de carga viral o preparar iniciadores para la PCR. Incluso el archiconocido doctor Luc Montagnier -considerado codescubridor del VIH- reconoció en una entrevista publicada en 1997 que él no había aislado ningún virus ni establecido relación alguna con el SIDA. De hecho Montaigner pasó a sostener hace ya tiempo que el SIDA no podía explicarse sólo en relación con el VIH y era preciso algo más, indefinido hasta el momento.

El ya mencionado Liam Scheff, refiriéndose a los tests, afirma con ironía al respecto: "Si la leyes del comercio fueran aplicadas con igualdad la campaña 'Conocer es bueno' para fomentar los tests del SIDA tendría que llevar una advertencia similar a la del tabaco que dijera: 'Este test no le dirá si está usted infectado/a por un virus. Quizás le confirme que está embarazada, que ha consumido droga o alcohol, que ha sido vacunado/a: que tiene un resfriado, una enfermedad hepática, artritis o que está estresado/a o hambriento/a o cansado/a. O que es usted africano. No le dirá si usted va a vivir o a morir. De hecho nosotros realmente no sabemos después de todo lo que significa realmente dar positivo o negativo".

"Lo que no puedo admitir -concluye Rebecca Cushaw este apartado de su explicación- es la idea de que nadie a título individual necesite hacerse un test diagnóstico de VIH. Una prueba negativa puede no ser exacta (cualquier cosa que eso signifique) pero una positiva puede causar unos estragos absolutos y la destrucción de la vida de una persona. Y todo por un virus que es más que probable que no haga absolutamente nada. No creo que haya que añadir mucho más para afirmar que estas pruebas deben prohibirse para propósitos de diagnóstico".

¿Y qué pasa entonces con África? ¿De dónde salen los millones de personas que la OMS dice que están allí infectadas y esperando la muerte? El África subsahariana continúa siendo la región más afectada en el mundo según los datos oficiales. El 64% de las nuevas infecciones (más de tres millones de personas) ocurren en esta parte del mundo donde ya viven 28,5 millones de ciudadanos con VIH. Pues como con el resto de lo que tiene que ver con el VIH-SIDA es preciso pasar de los grandes titulares -con los que solemos conformarnos- a la realidad sobre el terreno, una realidad de enfermedades endémicas, hambre, miseria y dinero. Mucho dinero... pero para el SIDA. Roberto Giraldo, otro de los médicos investigadores del club de los disidentes, ya alertó de esta situación en su trabajo La industria del SIDA en Africa: un negocio redondo donde, entre otras cosas, escribió: "Puesto que en la mayoría de los países africanos las pruebas del VIH son demasiado costosas como para que su uso se generalice el SIDA se ha venido diagnosticando según los lineamientos establecidos por la OMS, los que se conocen como "Definición Bangui del caso clínico". Para que una persona se califique como de diagnóstico positivo de SIDA debe presentar una combinación de síntomas tales como pérdida de peso, diarrea persistente y fiebre de un mes de duración así como tos seca. El problema con un diagnóstico sintomático VIH tal es que muchas de sus características difícilmente pueden distinguirse de las de otras antiguas enfermedades como la tuberculosis y la malaria. Además la prueba que se está practicando en África tampoco está exenta del peligro de arrojar resultados exagerados. Según el doctor Harvey Baily, 'algunas de esas pruebas son tan inespecíficas que entre el 80 y el 90% de los resultados positivos son falsos positivos'. Con el resultado inevitable de que las cifras de infecciones VIH en África han resultado desatinadamente exageradas alimentando el autocumplimiento de la letal profecía".

Y añade Giraldo, él sí conocedor de la materia y no quienes se limitan a enjuiciar el problema a través de imágenes o titulares de prensa: "Hoy día los jóvenes africanos rehúsan buscar atención médica para las enfermedades tradicionales debido al temor de ser señalados como casos de SIDA. Al mismo tiempo, como anotaba el Ministro de Salud y Cuidado de la Niñez en Zimbabwe, la OMS y la 'industria del SIDA' han patrocinado una dañina epidemia de 'VIH-itis' en África trayendo como consecuencia el desvío del dinero, la atención médica y el personal de salud de los problemas ya conocidos como la malaria, la tuberculosis, las enfermedades de transmisión sexual y una maternidad segura".

Es curioso, por cierto, que el abordaje con fármacos del SIDA siempre llegue precedido de mejoras nutricionales en las poblaciones afectadas. Cualquier mejora en la comida y el estado del agua es evidente que redunda en una mejora global del estado físico. Si la alternativa fuera tener malaria o cualquier otra enfermedad endémica y no ser tratado ni alimentado... o declarar su malaria como parte del SIDA y así comer y ser tratado, ¿usted qué opción escogería, amigo lector? Pues eso es lo que pasa en África a diario.

Claro que el SIDA en Occidente quizás haya servido también para otro tipo de instrumentalización médico-política, sin querer entrar en el origen de tan enigmático síndrome. "El VIH, durante muchos años, ha cumplido el papel de un terrorista microscópico -reflexiona Cushaw-. Las personas han perdido sus trabajos, se les ha negado la entrada en las Fuerzas Armadas, se les ha negado la residencia en el país y la entrada en algunos países. Incluso han sido acusadas con cargos de asalto o asesinato por tener sexo consentido; se ha separado a los bebés de sus madres y se les ha suministrado medicaciones tóxicas a la fuerza. No hay ningún precedente para este tipo de comportamiento. Y todo en nombre de una no probada y frágil hipótesis que se basa en pruebas altamente sospechosas y tests indirectos para una supuesta infección por un, según se alega, virus mortal. Virus que sin embargo nunca se ha observado que haga mucho de nada".

Obviamente los nombres y argumentos expuestos en este artículo son estigmatizados por quienes dominan el sistema sanitario. Y cualquiera puede encontrar un millón de páginas más dedicadas a la teoría oficial que a los planteamientos disidentes. Claro que por cada dólar del que éstos disponen para explicar sus razonamientos los oficialistas cuentan con cientos de millones y una amplia influencia en los medios de comunicación. Hay incluso quienes piden la cárcel para ellos por "irresponsables" y por criticar los tratamientos actuales.

"Las víctimas reales en este enredo -dice Cushaw- son aquellas cuyas vidas son puestas del revés por el estigma de un diagnóstico de VIH. Esas personas, la mayoría de las cuales están completamente sanas, son animadas a evitar la intimidad y, aún más, se culpabilizan de haber sido de algún modo muy tontos y descuidados. Peor aún: se les anima a que tomen dosis diarias enormes de algunas de las drogas más tóxicas jamás fabricadas (…) Porque la causa principal de muerte entre los VIH-positivos en estos últimos años ha sido el fracaso hepático. No una enfermedad definida como SIDA sino un efecto colateral reconocido de los inhibidores de proteasas que los individuos asintomáticos toman diariamente en dosis masivas durante años".

¿Tienen razón los disidentes? Hay algo evidente a su favor: el hecho de que llevan años jugándose su prestigio profesional y personal enfrentándose con quienes se están enriqueciendo día a día desde hace dos décadas con el SIDA y se niegan a salvar las vidas de los presuntos infectados con sus productos si no es a cambio de dinero. Sólo eso ya hace los disidentes merecedores de al menos unos minutos de reflexión.

"Después de diez años involucrada en el lado académico de la investigación del VIH así como ampliamente en el mundo académico -concluye Cushaw su alegato sobre el abandono de la teoría oficial- creo de verdad que el reproche por la aceptación universal, incondicional y basada en la fe de tal teoría sin bases recae pesadamente sobre los hombros de aquéllos de entre nosotros que han vinculado activamente una hipótesis completamente sin probar con el afán de prosperar en sus carreras. Claro, las hipótesis en ciencia merecen ser estudiadas pero ninguna hipótesis debe aceptarse como hecho antes de que sea probada, particularmente una cuya aceptación ciega tiene consecuencias tan horribles (…) Yo no puedo por más tiempo permanecer sentada y no hacer nada contribuyendo a esta locura. Y la locura ha durado ya bastante tiempo. Como humanos -como académicos honrados y científicos- lo único que podemos hacer es permitir que la verdad vea la luz".